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LAS RELACIONES ENTRE ESPA—A Y LOS ESTADOS UNIDOS

LA LUISIANA Y LOS TERRITORIOS DEL MEDIO-OESTE (1763-1795)

RESUMEN

El presente artÌculo plantea las relaciones polÌticas, militares y sociales que se establecieron entre EspaÒa y los Estados Unidos sobre unos territorios del medio-oeste o middle ground, muy poco poblados y disputados entre una gran potencia europea y una rep˙blica que acababa de nacer. Entre estos dos estados se entablaron unas relaciones que oscilaron entre la cooperaciÛn y el enfrentamiento. Dos concepciones y modelos polÌticos y socioeconÛmicos opuestos coincidieron y chocaron en un mismo espacio fÌsico.

Palabras clave: territorios del middle ground, Congreso Continental, EjÈrcito Continental, convenciones del oeste, asamblea de Virginia, Luisiana, MisisipÌ, gobierno espaÒol, Gran BretaÒa, Francia, James Wilkinson, JosÈ Bernardo G·lvez, Esteban MirÛ, Conde de Aranda, Floridablanca, George Washington.

 

ABSTRACT

This article analyses the political, military and social relations that were established between Spain and the United States on the middle ground territories since 1763 to 1795. A great European power and a new republic fought over those unpopulated territories and the relations between them oscillated between cooperation and confrontation. Two opposite conceptions and political and socioeconomic models clashed and crushed in the same place.

Key words: middle ground territories, Continental Congress, Continental army, Western Conventions, Virginia Assembly, Louisiana, Mississippi, Spanish government, Great Britain, France, James Wilkinson, JosÈ Bernardo G·lvez, Esteban MirÛ, Conde de Aranda, Floridablanca, George Washington, State Board.

ABREVIATURAS

A.G.I.: Archivo General de Indias.

A.H.N: Archivo HistÛrico Nacional.

Op. Cit: Opus citate.

Loc. Cit: Locum citate.

Leg: Legajo.

PP: p·ginas.

Ss: siguientes.

1. LA LUISIANA: SITUACI”N POLÕTICO-MILITAR Y LÕMITES

La Paz de ParÌs del 10 de febrero de 1763 puso fin a la guerra de los siete aÒos y supuso la reestructuraciÛn de los territorios del norte de AmÈrica entorno al MisisipÌ. El artÌculo 7 del tratado fijaba los confines entre Francia y Gran BretaÒa "(...) los confines se fijar·n irrevocablemente con una lÌnea tirada en medio del rÌo MisisipÌ desde su nacimiento hasta el rÌo Iberville, y desde allÌ con otra lÌnea tirada en medio de este rÌo con los lagos Maurepas y Pontchartrain hasta el mar (...)". Por el artÌculo 20 quedaba en posesiÛn de Gran BretaÒa quedaba todo lo situado en la orilla Èste del MisisipÌ, con la Florida y la BahÌa de Penzacola, con San AgustÌn, la Movila y su rÌo, y todas las posesiones espaÒolas al este y sudeste del MisisipÌ. El resto de los territorios al oeste de dicho rÌo quedaban en posesiÛn de Francia. Asimismo, el tratado declaraba la libre navegaciÛn por el MisisipÌ para todos los vasallos de Gran BretaÒa y Francia [1] . De tal modo, todo el norte de AmÈrica quedaba dividido en dos soberanÌas, la de Gran BretaÒa y la de Francia. Ahora bien, EspaÒa y Francia firmaron el tratado de Fontenebleau el 3 de noviembre de 1762, por el cual Francia cedÌa a EspaÒa la Luisiana incluida Nueva Orleans y su isla [2] .

En 1766 Antonio Ulloa llegÛ a la Luisiana con 90 soldados y 3 funcionarios para tomar posesiÛn de la provincia como nuevo gobernador en nombre del rey de EspaÒa. A su llegada, A. Ulloa se encontrÛ con una situaciÛn crÌtica: crisis econÛmica y polÌtico-militar. TenÌa que gobernar sobre un extenso territorio muy poco poblado, con el comercio interrumpido, con una mayorÌa de poblaciÛn francesa exaltada al borde de la rebeliÛn, y con un ejÈrcito que no llegaba a los 100 soldados espaÒoles [3] . Mientras, el ejÈrcito brit·nico se fortificaba en la orilla oeste del MisisipÌ violando el tratado de ParÌs y se disponÌa a conquistar de la Luisiana, ˙nico obst·culo para su avance hacia el pacÌfico. El peligro de invasiÛn brit·nico llevÛ a los criollos franceses a rechazar la revuelta violenta para recuperar el control de la colonia, optando por la colaboraciÛn con Ulloa a cambio de restablecer el comercio con las colonias francesas del Caribe. En 1768 la situaciÛn era insostenible, y A. Ulloa no tuvo m·s remedio que aceptar la colaboraciÛn francesa y formar un gobierno con los criollos franceses. De este modo, los franceses volvieron a controlar la colonia que pasÛ a ser dirigida por un Consejo Supremo que adjudicÛ las funciones propias del gobernador. Pese a todo, Ulloa continuÛ despachando disposiciones: entre las m·s graves est·n los edictos prohibiendo el tr·fico comercial con las colonias francesas del Caribe. Finalmente, el Consejo y el capit·n del ejÈrcito francÈs Aubrey recomendaron al gobernador su salida de la colonia junto con sus 90 soldados y 3 funcionarios. Aubrey evitÛ, asÌ, un enfrentamiento entre franceses y espaÒoles que solo hubiese beneficiado a los brit·nicos [4] .

Pese a esta referida situaciÛn la clave del control de la Luisiana estaba en Cuba. El Consejo de Estado espaÒol habÌa mandado a Ulloa como gobernador bajo la jurisdicciÛn militar del gobierno de la Habana. Esta era otra de las razones por la cual los criollos franceses habÌan evitado revuelta abierta, que hubiese implicado una respuesta militar del gobierno de la Habana. De hecho, desde Cuba ya se habÌan consignado al continente un contingente militar de 2.600 soldados al mando del general O'Reilly junto a un nuevo gobernador, Luis Unzaga. Ante estas noticias el Consejo Supremo enviÛ a Aubrey al encuentro con las tropas espaÒolas que ya se disponÌan a remontar el MisisipÌ. Cuando se encontraron los dos contingentes Aubrey se puso a las ordenes y a disposiciÛn del general O'Reilly. …ste destituyÛ al Consejo Supremo, detuvo a 9 cabecillas y ejecutÛ a 5. De esta forma terminÛ una asonada que habÌa durado un mes [5] . La nueva gobernaciÛn de L Unzaga tuvo como objetivos primordiales pacificar y controlar el territorio. Para ello Unzaga fusionÛ las tropas espaÒolas y francesas en un solo ejÈrcito comandado por el general O'Reilly, creando una fuerza de 5000 soldados. Igualmente hizo con el conjunto de la sociedad: compaÒÌas comerciales, gremios y agrupaciones artesanales..., y un ˙nico estamento funcionarial. Esta fue una etapa que durÛ unos 10 aÒos. Se puede afirmar que para 1776 la colonia estaba pacificada. Conseguida esta situaciÛn, L. Unzaga cediÛ la gobernaciÛn al general Bernardo G·lvez. Durante toda esta etapa Francia habÌa conseguido importantes objetivos: deshacerse de la financiaciÛn directa de un territorio que en 1762 le costaba 800.000 libras y pas·rselo a EspaÒa, con lo que debilitaba a la MonarquÌa CatÛlica con esa fuerte carga; y evitar el avance brit·nico. Asimismo, Francia seguÌa controlando la Luisiana a travÈs de sus compaÒÌas y comerciantes [6] .

La gobernaciÛn de JosÈ Bernardo G·lvez fue solo de seis aÒos, pero, en mi opiniÛn, los m·s decisivos. A la llegada de J. B. G·lvez el control espaÒol de la Luisiana era, pese a los esfuerzos de Unzaga, m·s nominal que real. No habÌa gentes suficientes para colonizar el territorio y el valle del MisisipÌ estaba controlado por los ingleses que, prudentemente, no habÌan intervenido en la Luisiana para evitar la reacciÛn militar de EspaÒa desde sus colonias de MÈjico y del Caribe. Adem·s, ya en la dÈcada de 1770 los brit·nicos estaban afrontando la revuelta independentista en sus propias colonias.

En 1765 en la Luisiana habÌa 11.000 habitantes, casi la mitad eran esclavos negros, espaÒoles unos 2.500 y franceses y acadianos unos 5000. Hasta la llegada de B. G·lvez EspaÒa no habÌa tenido una polÌtica colonial y de inmigraciÛn clara respecto a la Luisiana. En 1776 el coronel Bouligny elaborÛ una memoria sobre la colonizaciÛn del territorio. La memoria Bouligny planteaba un futuro escenario donde EspaÒa desaparecerÌa de la AmÈrica septentrional: un territorio enorme con muy poca poblaciÛn leal a EspaÒa, y con las colonias anglosajonas con una poblaciÛn muy superior y en continuo crecimiento. …sas gentes pronto llegarÌan al MisisipÌ, lo traspasarÌan y colonizarÌan todo el continente hasta el pacÌfico. En esta situaciÛn, los anglosajones solo tendrÌan que ir expulsando a los indios o pactando con ellos [7] . Desde la corte espaÒola el Conde de Aranda resumÌa profÈticamente la situaciÛn: "(...) EspaÒa va a quedar mano a mano con otra potencia sola en todo lo que es tierra firme de la AmÈrica septentrional. øy quÈ potencia?. Una estable y territorial que ya ha invocado el nombre patricio de AmÈrica, con dos millones y medio de habitantes, descendientes de europeos, que seg˙n las reglas que toman para su propagaciÛn duplicar· sus habitantes cada 25 Û 30 aÒos, y en 50 Û 60 puede llegar a ocho o diez millones de ellos, mayormente que de Europa misma continuar· la emigraciÛn por el atractivo que ofrecen las leyes de aquel territorio (...)" [8] .

En 1777 Bernardo G·lvez entrÛ en la GobernaciÛn con el soporte del Conde de Aranda y con un objetivo, la colonizaciÛn. La Memoria Bouligny fue el arranque de su gobernaciÛn en la Luisiana: una colonizaciÛn basada en tres pilares: 1) polÌticas de incremento demogr·fico, 2) fomento del comercio, 3) control territorial con la creaciÛn de una frontera estable. G·lvez introdujo esclavos, trajo colonos desde EspaÒa (principalmente de Canarias) que fundaron variedad de pueblos y extendieron la agricultura de tipo gran propiedad. Conectado con esto, abriÛ caminos y emplazamientos para facilitar el transporte y comercializaciÛn de los productos, al tiempo que abrÌa el territorio a compaÒÌas mercantiles. Todo ello facilitaba la consecuciÛn del tercer punto, el control territorial, aunque para ello era necesario construir una frontera estable y fija. Este proyecto colonizador de B. G·lvez iba a encontrar un inesperado soporte a travÈs de la situaciÛn internacional.

Por el tercer Pacto de Familia (1779) EspaÒa entraba en guerra con Gran BretaÒa, lo cual fue aprovechado por B. G·lvez para intensificar los lazos entre espaÒoles y franceses, al tiempo que establecÌa contacto con los revolucionarios angloamericanos con el fin de concertar acciones militares contra las posiciones inglesas. En este sentido, el encargado de negocios Juan Miralles se dirigiÛ al gobierno americano en carta del 17 de febrero de 1779, pidiendo que se atacaran las posiciones inglesas de Georgia y las Carolinas, mientras que, desde la Luisiana y desde Cuba, EspaÒa atacarÌa las guarniciones inglesas en el valle del MisisipÌ y las Floridas [9] .

La determinaciÛn espaÒola en llevar a cabo un ataque a gran escala contra los ingleses chocÛ con la indecisiÛn del general G. Washington, que retardaba su respuesta a Juan Miralles. Entre tanto, B. G·lvez ya estaba preparando acciones contra la lÌnea de fuertes ingleses en la frontera: Baton Rouge, Natchez, Penzacola, Movila..., y la Florida, en cuanto los rebeldes anglosajones aceptasen corresponder atacando en las Carolinas y Georgia. Para realizar esas operaciones con Èxito, G·lvez enviÛ al capit·n Jacinto PamÌs a espiar las posiciones inglesas. PamÌs remitiÛ informe detallando en donde aseguraba que para tales operaciones serÌa necesaria una fuerza de 7.000 hombres. B. G·lvez comunicÛ de inmediato sus necesidades militares al gobierno de la Habana el cual rechazÛ sus planes de una campaÒa a gran escala, m·s a˙n cuando la ayuda de los rebeldes ingleses todavÌa no estaba asegurada. Pese a esta negativa, G·lvez no renunciÛ a su plan y reuniÛ 700 soldados con los cuales atacÛ toda la frontera con rotundo Èxito entre septiembre de 1779 y mayo de 1781: conquistÛ el valle del MisisipÌ con los puestos ingleses mencionados, capturÛ 8 buques e hizo 1.400 prisioneros entre soldados y colonos ingleses [10] . Estos Èxitos militares inclinaron a G. Washington a reconocer los beneficios de compaginar operaciones militares hispano-americanas. En Carta fechada en Carolina del Sur a 27 de febrero de 1780 Washington respondÌa que "(...) si caen los puestos restantes [de la Florida] ser· un golpe muy importante teniendo gran influencia sobre los asuntos de nuestra zona (...)" [11] . Estas acciones tambiÈn provocaron cambios de actitud en el gobierno de la Habana: un aÒo despuÈs de la contestaciÛn de G. Washington, en 1781 el gobierno de la Habana remitiÛ a B. G·lvez los 7000 soldados pedidos. Durante estos tres aÒos (febrero 1779-marzo 1781) la presiÛn militar de Gl·vez contra los ingleses continuÛ con Èxito: se hizo con el control de las Floridas y extendiÛ su dominio sobre el MisisipÌ hasta la desembocadura, incluyendo el canal de Bahamas y Cabo CaÒaveral. Estas acciones permitieron a los rebeldes anglosajones llevar sus campaÒas militares con Èxito a Gerorgia y las Carolinas [12] . Llegados a este punto, sin embargo, a partir de mediados de 1781 las circunstancias polÌticas iban a dar un radical viraje.

En el aÒo 1781 EspaÒa comenzaba a obtener importantes rÈditos de la colaboraciÛn con los rebeldes anglosajones en el marco de la guerra internacional, situaciÛn que Gran BretaÒa vio claramente tras sus derrotas en Georgia y las Carolinas, en el MisisipÌ y las Floridas. Por ello, el gobierno inglÈs se apresurÛ a entrar en negociaciones con los rebeldes para evitar el derrumbe colonial brit·nico. Para retornar a la AmÈrica septentrional Gran BretaÒa pretendÌa construir el siguiente escenario: en la costa atl·ntica habrÌa un gobierno anglosajÛn independiente pero dÈbil (con frontera con Gran BretaÒa al norte, el mar Atl·ntico al este, y EspaÒa al oeste y al sur y con sus con colonias del Caribe). Este nuevo gobierno, enclaustrado y m·s dÈbil que EspaÒa, si quisiera transportar sus mercancÌas y comerciar tendrÌa que negociar con alguna de las dos potencias, la brit·nica o la espaÒola. Asimismo, el gobierno brit·nico entendÌa que las monarquÌas europeas (especialmente EspaÒa) serÌan reticentes a entablar negocios con los revolucionarios, temerosas de que el ejemplo revolucionario cundiese por toda AmÈrica. Por esto, si la rep˙blica americana no querÌa ser absorbida por EspaÒa o permanecer enclaustrada en la costa, no tendrÌa m·s remedio que entablar un acuerdo global con Gran BretaÒa. …sta actuarÌa como puente comercial y polÌtico de la rep˙blica americana hacia Europa y le ofrecerÌa su protecciÛn contra EspaÒa. Todo esto crearÌa nuevos lazos entre la metrÛpoli y sus antiguas colonias. Adem·s, aquella variopinta confederaciÛn, sin un gobierno central fuerte, se desharÌa una vez acabada la guerra. Rota la ConfederaciÛn las colonias m·s dÈbiles retornarÌan o buscarÌan la protecciÛn de Gran BretaÒa. Frente a las resistentes, Gran BretaÒa podrÌa utilizar la fuerza.

De tal modo, el 24 de septiembre de 1782 Gran BretaÒa llegÛ a un acuerdo de paz y reconocimiento de los Estados Unidos. Estos acuerdos fueron ratificados con el tratado de ParÌs de 3 de septiembre de 1783. El artÌculo 2 de este acuerdo fijaba los lÌmites del nuevo estado en la mitad del rÌo MisisipÌ desde sus fuentes hasta la latitud 31, y en medio del rÌo Apalachicola hasta la conjunciÛn el rÌo Flint, y del rÌo Mary hasta el Atl·ntico. El artÌculo 8 reconocÌa la libre navegaciÛn y comercio en el MisisipÌ para todos los ciudadanos de los Estados Unidos y Gran BretaÒa [13] . Con estos artÌculos Gran BretaÒa ponÌa las bases para un enfrentamiento entre los Estados Unidos y EspaÒa.

Entre tanto, en el gobierno espaÒol las negociaciones de paz entre anglosajones provocaba desacuerdos e incoherencias Por un lado, el Conde de Aranda y el gobernador B. G·lvez analizaban la situaciÛn de forma muy diferente a la del gobierno brit·nico. VeÌan la fuerza que iba a tener la nueva naciente rep˙blica, y opinaban que EspaÒa debÌa entablar negociaciones con los revolucionarios anglosajones antes que con Gran BretaÒa, dado que eran ellos los que realmente controlaban buena parte del antiguo territorio colonial brit·nico. Sin Embargo, Floridablanca querÌa un acuerdo general de paz con Gran BretaÒa. EntendÌa que negociar con los revolucionarios era reconocerles, y el ejemplo podÌa contagiarse a toda la AmÈrica espaÒola. Era mejor ignorarles y extender los territorios de EspaÒa desde la Florida hacia el noroeste a costa de la ConfederaciÛn.

Este enfrentamiento entre Aranda y Floridablanca pareciÛ inclinarse, en un primer momento, en favor del primero Mientras Gran BretaÒa negociaba con la ConfederaciÛn, el Conde Aranda entrÛ en negociaciones con el agente del Congreso Continental John Jay. El 3 de agosto de 1782 Aranda-Jay pactaron el reconocimiento de las fronteras establecidas en la declaraciÛn inglesa de 1763 y la exclusividad de la navegaciÛn espaÒola por el MisisipÌ. TambiÈn, Aranda consideraba que sÛlo con la guerra era posible entablar una alianza entre EspaÒa y la ConfederaciÛn m·s all· de la simple colaboraciÛn puntual, por lo que este pacto apostaba por la continuaciÛn de la guerra hasta expulsar a Gran BretaÒa de la AmÈrica del Norte. Las negociaciones Aranda-Jay alcanzaron otros aspectos como la financiaciÛn al Congreso Continental con subsidios [14] . Pese a todo, al tiempo de estas conversaciones y pactos, Floridablanca tambiÈn se moviÛ para boicotear tales negociaciones y conseguir que la corte cambiase de opiniÛn respecto a las trece colonias. En este sentido se encamina la instrucciÛn Floridablanca de 29 de mayo de 1782. Dirigida al Conde de Aranda, dicha instrucciÛn remarca la conveniencia de llegar a un acuerdo negociado con Gran BretaÒa sobre reparto territorial sin contar con la confederaciÛn: reconocimiento de los limites de EspaÒa entre el sistema Apalaches-Alleghanys a la lÌnea del sistema Misouri-MisisipÌ, y desde las Floridas hasta las colonias inglesas del Canad· (es decir todo el middle ground:: el oeste de Georgia y de las Carolinas, el Kentucky y el Tennesse, y los territorios regados por el Illinois y el Ohio) [15] . Floridablanca logrÛ imponer estos criterios a la Corte por lo que el Conde de Aranda optÛ por retirarse del proceso negociador.

Este enfrentamiento en el seno del gobierno espaÒol restÛ fuerza negociadora a la comisiÛn espaÒola, con lo que Gran BretaÒa pudo mostrar arrogancia y desdÈn hacia EspaÒa apart·ndola de la negociaciÛn hasta haber logrado, primero, un acuerdo de paz con la ConfederaciÛn y con Francia. Tras el acuerdo de septiembre de 1782 con la ConfederaciÛn, Gran BretaÒapacto con Francia y despuÈs abriÛ negociaciones con el gobierno espaÒol. EspaÒa y Gran BretaÒa llegaron a un acuerdo el 3 de diciembre de 1782. Dicho acuerdo fue un claro reflejo de las tesis de Floridablanca. La comisiÛn espaÒola consiguiÛ que no se fijasen lÌmites territoriales (ni se mencionÛ la cuestiÛn de las fronteras de la Luisiana, ni los lÌmites de las Floridas, ni la cuestiÛn de la navegaciÛn y comercio por el MisisipÌ....). Solo se citÛ de forma muy genÈrica la posesiÛn de territorios: "(...) Su Majestad Brit·nica ceder· a su Majestad CatÛlica la Florida oriental, y su Majestad CatÛlica conservar· la Florida Occidental (...)" [16] . Finalmente, el 3 y el 4 de septiembre de 1783 Gran BretaÒa firmaba los tratados de ParÌs y Versalles que ajustaban la paz seg˙n las condiciones negociadas entre los contendientes el aÒo anterior. La paz entre EspaÒa y Gran BretaÒa de 1782-1783 supuso el triunfo polÌtico Floridablanca, el cual puso como gobernador de la Luisiana a Esteban MirÛ (1783-1791).

Pese a toda esta situaciÛn interna espaÒola e internacional, tanto G·lvez como su sustituto MirÛ continuaron con los proyectos colonizadores como ˙nica soluciÛn para la conservaciÛn de la Luisiana. De tal forma, la polÌtica llevada por el gobierno de la Luisiana se mantuvo sin muchas variaciones. G·lvez se propuso asentar en el territorio a 6000 colonos (canarios, andaluces, filipinos, irlandeses, alemanes catÛlicos y acadianos), proyecto continuado por MirÛ. El problema era que asentar a 6000 colonos costarÌa 2 millones de pesos y la Real Hacienda no estaba en condiciones de remitir socorros por tal montante [17] . Pese a todo, entre 1768 y 1791 se fundaron muy diversas colonias, siendo las mas importantes: Concordia (1768), San Bernardo (1678), G·lveztown (1778), Nueva Iberia (1779), Valenzuela (1779), MirÛ (1782), Carlos Salia (1781), San Esteban (1789), A todos estos puestos hay que aÒadir otros como Natchez, Penzacola, Movile, Baton Rouge... De tal forma, pese a las ambig¸edades de la Corte de Madrid hacia la Luisiana y la falta de socorros financieros y militares, para 1790 Esteban MirÛ casi habÌa hecho realidad el proyecto colonizador de B. G·lvez: La Luisiana pasaba de los 35.000 habitantes, y se habÌa creado una frontera estable y fuerte compuesta por poblados guarniciones militares a lo largo del MisisipÌ y en las diversas intersecciones de sus afluentes (Ohio, Amiti, Bayu Tache, Lafourche, TombecbÈ, Ouachita...). Con esta situaciÛn colonial y la paz entre Gran BretaÒa, Estado Unidos y EspaÒa, a partir de 1783 se abriÛ una nueva situaciÛn marcada por unas relaciones entre Estados Unidos y EspaÒa las cuales evolucionaron de la afinidad (en la pasada guerra) al enfrentamiento. La zona en la que se desarrollaron estas relaciones fue una vastedad geogr·fica denominada middle ground o comarcas medias: los territorios del Illinois, del Ohio y de Michgan, el Tennesse y el Kentucky, m·s los territorios indios (de los Cherokee, Chickasaw, Creek). Sobre estos territorios centrales recayeron los expansionismos espaÒol y confederado, vici·ndose las relaciones entre EspaÒa y la joven rep˙blica. Solo el Kentucky y el Tennesse juntos tenÌan cerca de 100.000 habitantes.

2. ESPA—A Y LA CONFEDERACI”N DE LOS ESTADOS UNIDOS ENTRE 1782 Y 1787.

El entrar en posesiÛn de la Luisiana, EspaÒa no tenÌa capacidad militar para controlar al mismo tiempo el MisisipÌ, la extensa costa americana, los litorales del Caribe y la navegaciÛn atl·ntica, por lo que los gobiernos de la Luisiana y la Habana (tras el breve perÌodo de prohibiciones de Ulloa) permitieron a las colonias brit·nicas proveerse de productos extranjeros a travÈs de las fronteras territoriales y marÌtimas espaÒolas. AsÌ mismo, los colonos del middle ground sacabansus productos a travÈs del MisisipÌ y los introducÌan en la Luisiana, Nueva EspaÒa y en el Caribe. Esta situaciÛn enseguida fue "legalizada" con real orden de 1767 que permitÌa cierta libertad de comercio, aunque solo para casos en que las colonias espaÒolas quedasen desabastecidas. La real orden de 1767 fue utilizada para favorecer m·s el comercio, intensific·ndose el tr·nsito de mercancÌas (cafÈ, ron, az˙car, harina, manteca, carne de vaca y cerdo, brea, alquitr·n, cueros...). Igualmente, la guerra tampoco supuso un gran obst·culo para comercio. SÛlo hacia el final de la guerra, en 1782-1783, Gran BretaÒa optÛ por el bloqueo comercial justo en el momento en que estaba negociando con los rebeldes. Esto hizo que el MisisipÌ incrementase su importancia e interÈs para los Estados Unidos y, en las negociaciones de paz de 1782, la ConfederaciÛn exigiÛ al gobierno Brit·nico la libertad de comercio y navegaciÛn por dicho rÌo. …ste accediÛ a tal concesiÛn sobre una zona y un rÌo que no controlaba, poniendo las bases para un conflicto entre EspaÒa y los Estados Unidos.

El ardid brit·nico surtiÛ buenos efectos y tras la guerra, el Congreso Continental insistiÛ en negociar con EspaÒa un acuerdo general sobre fronteras y comercio por el MisisipÌ sobre la base del tratado de paz brit·nico-norteamericano de 1783: El Congreso exigÌa la libertad total de comercio, y el reconocimiento de las fronteras en medio del MisisipÌ y en el paralelo 31. Por su parte el gobernador E. MirÛ ofrecÌa la libertad limitada de comercio seg˙n el real decreto de 1767 y tal como se venÌa haciendo hasta el bloqueo brit·nico y, adem·s, aprovechÛ para pedir al Congreso la represiÛn y persecuciÛn de los contrabandistas angloamericanos. Con estas posiciones tan distantes, fracasaron las primeras negociaciones entre EspaÒa y la rep˙blica americana para estabilizar y ordenar el territorio, asÌ como para confirmar la buena avenencia entre los dos estados. Para Floridablanca este fracaso negociador era parte esencial de su proyecto de anexiÛn territorial, dada la situaciÛn de dependencia y debilidad de los Estados Unidos. La ConfederaciÛn importaba de EspaÒa mucho m·s de lo que exportaba a las colonias espaÒolas. El negocio para EspaÒa era muy bueno. EspaÒa estaba en una situaciÛn en la que se podÌa convertir en el principal proveedor de la nueva rep˙blica, dependencia que, tras una previsible disoluciÛn de la ConfederaciÛn, hiciese que los estados americanos se inclinasen por EspaÒa. Floridablanca tenÌa buenas razones para mantener esta lÌnea en el gobierno espaÒol [18] :

 

1785

1800

Exportaciones de la ConfederaciÛn a las colonias espaÒolas

390.000

8.440.000

DÛlares

Importaciones de la ConfederaciÛn de las colonias espaÒolas

1.740.000

12.800.000

DÛlares

 

Dentro de la ConfederaciÛn, durante la guerra las divisiones entre bloques quedaron silenciadas pero, ya, sin la guerra, las divisiones resurgieron hasta el punto de poner en peligro la existencia de los Estados Unidos. Cuatro eran los bloques: los estados/territorios del noreste (Nueva Inglaterra) con N. Hampshire, Massachusets, Connecticut, Rhode Island; los estados/territorios del centro, con N. York, N. Jersey, Pensilvania, Delawere; los estados/territorios del sur, con Maryland, Virginia, Carolina del Norte, Carolina del Sur, Georgia; y los territorios del middle ground, con Kentucky, Tennesse, Ohio, Illinois, Michigan.

Los estados/territorios del noreste y del centro tenÌan su fuerza demogr·fica y econÛmica en las zonas urbanas, mientras que fuerza polÌtica eran los common people o clase media de comerciantes, artesanos y agricultores. TambiÈn tenÌan grandes terratenientes, pero todos compartÌan los valores de la propiedad, el trabajo, el comercio, el enriquecimiento continuo y el ascenso social. BebÌan de las ideas de la revoluciÛn inglesa de 1688 y de las doctrinas de Locke. Su punto de referencia era Europa y el comercio Atl·ntico. Sus representantes en el Congreso eran conocidos como los comercial cosmopolitan. Su modelo era una uniÛn de estados federados dirigida por un gobierno central fuerte que coordinase una acciÛn comercial expansiva, sin fronteras sin prohibiciones y sin lÌmites, y que fuese el ˙nico interlocutor con Europa. Adem·s, esta esta una zona cerealÌstica de primer orden, era llamada el "granero de AmÈrica". Por otro lado, estos estados concentraban a la mayor parte de la poblaciÛn, 1.0302.000 hab., pese a que eran los estados territorialmente m·s pequeÒos, siendo, igualmente, los que m·s contribuÌan a la caja confederal. Nueva Inglaterra tenÌa 670.000 hab. (N. Hampshire con 80.000, Massachusets con 339.000, Connecticut con 193.000, Rhode Island con 58.000); y los estados del centro tenÌan 632.000 hab. (N. York con 195.000, N. Jersey con 130.000, Pensilvania con 270.000, Delawere con 37.000) [19] . Los representantes de estos estados dominaban el Congreso Continental e imponÌan una representaciÛn en dicha c·mara seg˙n el n˙mero de habitantes y el volumen de aportaciones a la caja confederal. Consecuentemente, tras la guerra estos estados eran los que m·s se habÌan democratizado, y la elite propietaria e ilustrada que habÌa proclamado la independencia estaba cediendo puestos polÌticos a los common people. Entre 1776 y 1787 en el Congreso se duplicÛ el n˙mero de los common people procedentes de estos estados: los agricultores medios y pequeÒos pasaron del 23 al 55%, asimismo, los diputados con ingresos medios (entre 500 a 2.000 libras) pasaron del 17 al 62% [20] .

Frente a estos estados estaba el sur, que eran ˙nicamente cinco grandes estados/territorios dedicados al monocultivo extensivo de plantaciÛn (tabaco, arroz, algodÛn, cafÈ...) de cara al mercado europeo. Su modelo comercial era el de mercantilismo de tipo europeo de monopolio comercial. Predominaba el gran propietario patricio combinado con pequeÒos propietarios endeudados que producÌan para el mercado local, los conocidos como los agrarian locals. …stos controlaban la polÌtica y las instituciones locales, mientras que en el Congreso eran los terratenientes los que copaban la mayorÌa de los escaÒos del sur. Con un gobierno central fuerte, los pequeÒos propietarios perderÌan la capacidad de autogobierno y control polÌtico y econÛmico local en favor de los grandes terratenientes, lo que significarÌa la ruptura del statu quo social y el choque dentro de los propios estados del sur. Por eso, ni unos ni otros querÌan un gobierno central que restringiese la libertad e independencia de los estados. Pese a todo, en el Congreso los diputados latifundistas del sur tambiÈn iban cediendo sitio a los pequeÒos y medianos propietarios, aunque en menor medida que en los estados del noreste y del centro: entre 1776 y 1787 los diputados agricultores medios y pequeÒos pasaron del 12 al 26%, y los diputados con ingresos medios pasaron del 12 al 30% [21] .

Frente a estos dos bloques estaban los territorios del medio-oeste o middle ground, en buena parte dependientes o integrados en los estados del sur. Aspiraban a la independencia y a convertirse en estados. EntendÌan que ellos no eran europeos, que eran diferentes y nada tenÌan que ver con Europa, eran americanos. Su camino de desarrollo y expansiÛn no estaba en Europa, sino que debÌa ser continental y hacia el oeste, y el ·rea de relaciones tenÌa que ser el resto de AmÈrica (especialmente Luisiana y MÈjico). Por ello, el eje socioeconÛmico y polÌtico que debÌa vertebrar la confederaciÛn era el MisisipÌ (como principal vial continental) y sus afluentes (Missouri, Illinois, Ohio...).

Esta situaciÛn de bloques habÌa llevado al enfrentamiento personal dentro del propio grupo fundacional de los Estados Unidos, entre federalistas y antifederalistas. Un conflicto retratado en el enfrentamiento entre Franklin (era de Boston, Massachusetts, e hijo de un modesto fabricante de velas) y Jefferson (era de Shadwell, Virginia, e hijo de un patricio plantador). Los Articles of Confederation de 2 de julio de 1776 supusieron una victoria de los estados del sur, dado que declaraban que las colonias eran estados libres e independientes (tanto respecto a Gran BretaÒa como entre ellos), y que los cambios en el articulado solo se podrÌan hacer por unanimidad. El Congreso Continental solo tenÌa funciones como arbitro entre los estados, sobre la declaraciÛn de la paz y la guerra, la organizaciÛn y direcciÛn del ejÈrcito, la emisiÛn de moneda, y la determinaciÛn de la contribuciÛn de cada estado a la caja confederal. Acabada la guerra, los estados redujeron sus contribuciones a la caja confederal a los mÌnimos necesarios para cubrir los gastos del Congreso Continental. Por lo tanto, los Estados Unidos no podÌan hacer frente a los pagos de los prÈstamos y sus intereses hechos por paÌses como Francia, EspaÒa y la banca holandesa. Por ejemplo, a Francia se le debÌan 8 millones de dÛlares y a EspaÒa 397.230 pesos fuertes solo en la ayuda oficial (a lo que habÌa que sumar ayuda en especie como armas, municiÛn, abastos...) [22] .

En estas circunstancias de bancarrota, el EjÈrcito Continental fue disuelto, y el Congreso realizÛ confiscaciones generales de propiedades a todos aquellos que debÌan caudales a las administraciones p˙blicas o privadas y no las estaban abonando. Esto tuvo como consecuencia el surgimiento de un amplio movimiento de deudores (comerciales y agrarios) al cual se incorporaron multitud de soldados y oficiales del disuelto EjÈrcito Continental. Para 1785 el movimiento se habÌa extendido incluso por los estados del noreste. Por ejemplo, en septiembre de ese aÒo 500 agricultores de Massachusetts dirigidos por el antiguo oficial del ejÈrcito D. Shays, se enfrentaron y derrotaron a la milicia de Massachusets. Para 1787 los sublevados de Shays eran ya 1.200 hombres [23] . Con este movimiento insurreccional, tambiÈn en el noreste se extendiÛ la oposiciÛn a un gobierno central, todo lo cual reforzaba las posiciones polÌticas de los estados del sur. Incluso los partidarios de una federaciÛn con un gobierno central fuerte estaban divididos entre: por un lado, los que querÌan un gobierno dependiente del Congreso y con un presidente elegido por dicha c·mara. Por otro lado, estaban aquellos que querÌan un gobierno fuerte independiente del Congreso y con un presidente con pleno poder ejecutivo y elegido por sufragio directo de los electores. En esta situaciÛn la ConfederaciÛn estaba apunto de desaparecer y desde el campo federalista surgieron intentos de golpe de Estado, como el New Burgh, entre diciembre de 1782 a marzo de 1783 [24] . Al mismo tiempo, los federalistas realizaron intensas campaÒas poniendo de manifiesto el existente desorden polÌtico, social y econÛmico, consecuencia de la falta de un centro polÌtico fuerte. Avisaban del desastre que supondrÌa la disoluciÛn de la confederaciÛn, e insistÌan en que una rep˙blica comercial nunca podrÌa levantarse sin un gobierno central fuerte. Algunos de los m·s destacados propagandistas eran A. Hamilton, J. Madison, J. Jay, que publicaban artÌculos en favor de constituir una federaciÛn. En 1788, al tiempo de las discusiones y debates en el Congreso Continental sobre el cambio del sistema polÌtico, estos artÌculos (51) se reunieron y fueron publicados bajo el tÌtulo The federalism: a collection of essays written in favour of the new constitution. Con todo este ambiente el 13 de septiembre de 1788 se aprobÛ la constituciÛn federal. AsÌ, pareciÛ que los estados del sur y los antifederalistas parecÌan hubiesen quedado fuera del nuevo sistema. La UniÛn estaba al borde de la ruptura [25] . Para evitar la ruptura de la UniÛn, el nuevo Congreso hizo suyas algunas de las reivindicaciones de los estado del sur y de las convenciones del middle ground: extensiÛn al oeste, dar prioridad al comercio por el golfo de MÈjico, Caribe y resto de AmÈrica, y garantizar los mercados europeos en lo tocante a los productos de monocultivo. Por consiguiente, Floridablanca no andaba muy desencaminado sobre la crÌtica situaciÛn de los Estados Unidos, y su proyecto para la AmÈrica septentrional triunfaba en la Corte de Madrid. Pero el Conde de Aranda todavÌa tenÌa una ultima posibilidad de imponer un cambio de rumbo en tal polÌtica. El gobierno efectivo de la Luisiana estaba en manos del gobernador E. MirÛ que, contrariamente a lo que Floridablanca esperaba, habÌa dado claros pasos de continuidad con la polÌtica de su antecesor B. G·lvez. AsÌ, Aranda y MirÛ formaron un t·ndem que llevÛ los asuntos de la AmÈrica septentrional en una direcciÛn contraria a la de Floridablanca. Para ello Aranda y MirÛ utilizaron a Diego de Gardoqui como intermediario entre la Corte de EspaÒa, el gobierno de la Luisiana y el Congreso Continental. Con Real Orden de 26 junio de 1784, el Conde Aranda remitiÛ a E. MirÛ instrucciones precisas para negociar un arreglo con los Estados Unidos sobre lÌmites y navegaciÛn por el MisisipÌ. Los encargados de negocios D. Gardoqui y Francisco RendÛn fueron los enviados para negociar con la ConfederaciÛn. La propuesta espaÒola giraba sobre 3 puntos [26] : 1) Reconocimiento por parte de los Estados Unidos del derecho exclusivo de EspaÒa sobre la navegaciÛn y comercio por el MisisipÌ. A cambio se darÌa a los Estados Unidos privilegios de navegaciÛn y comercio por Caribe y Golfo de MÈjico y rutas Atl·nticas, consider·ndoles como naciÛn m·s favorecida. 2) Arreglo sobre los lÌmites y fronteras en base al control espaÒol sobre el MisisipÌ y los lÌmites de las Floridas en el paralelo 32. 3) Establecer un acuerdo global de cooperaciÛn y amistad entre las dos naciones, en base a la concesiÛn por ambas partes de licencias comerciales y alianza militar frente a las colonias brit·nicas del norte. A parte de estos tres puntos, la instrucciÛn del Conde de Aranda encomendaba al gobernador reforzar las defensas en los valles del MisisipÌ y en la Florida, asÌ como entablar una alianza con las naciones indias formando un estado barrera este-oeste y norte-sur.

Como vemos, el Conde de Aranda apostaba por una ConfederaciÛn controlada por los estados del noreste Atl·ntico, de ahÌ las concesiones sobre privilegios de navegaciÛn y comercio Atl·ntico. Esto debÌa facilitar la cesiÛn norteamericana en la cuestiÛn del MisisipÌ y los lÌmites de la Florida. De hecho, la delegaciÛn norteamericana estaba formada por Adams, Franklin (ambos de Massachusetts), m·s J. Jay y A. Lee en EspaÒa [27] . Pese a todo, la propuesta Aranda no dejaba de lado a los estados del sur y del middle ground, dado que insertaba la cuestiÛn de los privilegios comerciales norteamericanos sobre el Caribe y Golfo de MÈjico. Igualmente, Aranda acepaba la exigencia norteamericana de que mientras duraran las conversaciones no se realizasen confiscaciones en el MisisipÌ [28] .

Para septiembre de 1784 la delegaciÛn norteamericana accediÛ a la Propuesta Aranda, lo cual hizo reaccionar a los antifederalistas que incorporaron a la delegaciÛn a Jefferson. La consecuencia fue el endurecimiento de la postura norteamericana, rechazando todo lo que no fuese la libre navegaciÛn por el MisisipÌ. AsÌ, esta era la segunda vez que las negociaciones hispanonorteamericanas se estancaban. El propio G. Washington tuvo que intervenir en su propia delegaciÛn para romper el atasco. En carta interceptada por Gardoqui, Washington exponÌa a su delegaciÛn que la cuestiÛn de la libre navegaciÛn por el MisisipÌ era aplazable: "(...) cuando aquel paÌs llegue a poblase y extenderse al oeste (...) no habr· poder que se lo pueda impedir (...)" [29] . Asimismo habÌa otras razones que aconsejaban ceder para no volver a malograr un acuerdo global: los ya comentados problemas de la debilidad interna de la ConfederaciÛn, las deudas con EspaÒa, y la amenaza militar brit·nica. En estas circunstancias, el Congreso en sesiÛn del 29 de agosto de 1786 acordÛ aceptar las propuestas espaÒolas por siete votos contra cinco, exigua mayorÌa de los estados del noreste y centrales, que sacrificaban la cuestiÛn del MisisipÌ (por un perÌodo de 20 a 30 aÒos) y la extensiÛn al oeste por las facilidades de navegaciÛn y comercio por el Caribe-Golfo de MÈjico y Atl·ntico. Por lo tanto, los territorios del middle ground perdieron la posibilidad de ser reconocidos como estados a corto.

Los acuerdos se confirmaron en el tratado del 1 de septiembre de 1786. Eran 16 artÌculos [30] en los que se establecÌa como frontera el sistema Missouri-MisisipÌ, y el Apalachicola-flint-Santa MarÌa hasta el mar; se reconocÌa como territorio de las naciones indias desde la Florida al Kentucky, con la Georgia y las Carolinas al este. Por lo tanto, quedaba en el centro-norte un vasto territorio formado por el Kentucky, el Tennesse y los territorios del Illinois, del Ohio y de Michigan, que no eran oficialmente reconocidos como propios por ninguna de las partes, dejado la cuestiÛn abierta a la disputa. Aunque bien es verdad que Virginia estaban organizando buena parte de esos territorios que, al tiempo, intentaban segregarse y convertirse en Estados.

Pese al acuerdo de 1786, Francisco RendÛn informaba al gobernador MirÛ y al Consejo de Indias (dirigido B. G·lvez) que Estados Unidos seguÌa considerando como frontera el paralelo 31 seg˙n su tratado de ParÌs, y la libertad de navegaciÛn por el MisisipÌ. Por ejemplo, en su carta de 12 de octubre de 1784 al Consejo de Indias, RendÛn avisaba que "(...) es necesario que aquellos habitantes [del medio-oeste] tengan un canal para extraerlos [sus productos] (...) dho comercio debe hacerse con los espaÒoles o con los ingleses (...)", porque los Estados Unidos estaba muy lejos "(...) si lo entablan con la EspaÒa (...) se aprovechar· [la EspaÒa] (...) de comercio tan lucrativo y de ganar y establecer para siempre la amistad y buena armonÌa (...)"con tales territorios" [31] . Por su parte, el coronel Bouligny tambiÈn remitÌa informes a EspaÒa en este mismo sentido, como el del 4 de agosto de 1785: "(...) este Pais [Ohio] lo miran los Americanos como la clave y verdadero centro de su dominaciÛn (...)", no creyendo que "(...) jam·s la AmÈrica consienta en desistir de esta pretensiÛn [controlarlos] y mucho menos aun de la NavegaciÛn del Rio [MisisipÌ] (...)" [32] . Es en este punto donde surgiÛ la idea de constituir estados tapÛn o barrera tanto contra el poder brit·nico como contra la ConfederaciÛn.

3.LA LUISIANA Y LAS NACIONES INDIAS

Los territorios del middle ground se desarrollaban r·pidamente y la presiÛn sobre la frontera espaÒola era enorme. TambiÈn las naciones indias se veÌan cada vez m·s desplazadas. Los Cherokis eran expulsados hacia el noroeste, entre el MisisipÌ y el Kentucky. El territorio de los Creeck estaba apunto de ser absorbido por Virginia y los reciÈn creados estados de Carolina del Sur, Georgia y Carolina del Norte, y eran empujados hacia las fronteras la Florida occidental y el valle del MisisipÌ, espacios que estaban ocupados por los Chikasas y Choctaw. Estos, por su parte, se veÌan obligados a ir m·s hacia el oeste, adentr·ndose en la Luisiana. Los gobernadores de la Luisiana vieron clara toda esta situaciÛn y se propusieron crear alianzas tanto con las naciones indias como con las gestes del middle ground, para formar una cadena de estados barrera, o incluso anexion·rselos.

Los territorios indios tenÌan una poblaciÛn guerrera de unos 12.000 indios: 6000 creeckes, 4000 choctaw, 2000 cherokis, y 600 chikasas [33] , por lo que sÛlo juntos en un Estado territorial y apoyados por EspaÒa podrÌan hacer frente a los Estados Unidos. El gobernador E. MirÛ y despuÈs el BarÛn de Corondelet, llevaron a cabo negociaciones con las tribus indias a travÈs del gobernador de Natchez, Gayoso de Lemos, y del agente espaÒol para los territorios indios, el mestizo Alejandro Mac Gillibray. La cuestiÛn de un acuerdo con los indios era tanto m·s urgente encuanto que la CompaÒÌa del Yazoo (a travÈs de la cual actuaba los Estados Unidos) se adentraban cada vez m·s en el interior de estos territorios. La compaÒÌa del Yazoo incluso realizaba incursiones en territorio espaÒol y soliviantaba a los anglosajones del Kentucky, del Tennesse y del Ohio para que llevasen acciones armadas contra la Luisiana. Las provocaciones de la CompaÒÌa del Yazoo eran constantes, y buscaban una respuesta directa de EspaÒa que llevase a los Estados Unidos a declarar la guerra [34] .

El peligro era tan claro que las naciones indias, empujadas por EspaÒa, se avinieron a una alianza. Ya en junio de 1784 se llegÛ a un primer acuerdo en los congresos indios de Penzacola y Movila. Pero la situaciÛn no variÛ en esencia, los acuerdos de dichos congresos no fueron efectivos y sobre el territorio predominaron las tradicionales disputas indias. Solo a comienzos de la dÈcada de 1790, con los Estados Unidos ocupando el territorio y asaltando las fronteras de la Luisiana y la Florida, las naciones indias optaron por dejar de lado sus tradicionales conflictos y llegar a una alianza entre ellos y con EspaÒa. Pero para entonces era demasiado tarde, en la dÈcada de 1790 ya no fue posible frenar y contener el empuje demogr·fico y polÌtico-militar de los Estados Unidos El derrumbe y desapariciÛn de las fronteras espaÒolas era ya inevitable [35] .

La referida alianza EspaÒa-naciones indias se concretÛ con el Tratado de Nogales de 1793. El tratado establecÌa una confederaciÛn entre las naciones Creecke, Choctaw, Cherokis y Chikasa, sobre aquellos territorios centrales hasta el Kentucky. TambiÈn establecÌa un sistema de estado confederal, con una forma de gobierno conjunto. La base de esta confederaciÛn era un congreso compuesto por 12 delegados de los jefes de las naciones firmantes elegidos anualmente. La direcciÛn del congreso recaerÌa en un representante de cada naciÛn que rotarÌa anualmente. Este congreso tendrÌa facultades ejecutivas, legislativas y judiciales: Las decisiones se aprobarÌan por mayorÌa, estando obligadas todas las naciones a acatar las resoluciones. Si una naciÛn o tribu se negaba a cumplir las resoluciones del congreso, las otras naciones firmantes deberÌan utilizar todos los medios precisos para hacer cumplir las resoluciones. Cualquier acciÛn contra una tribu o naciÛn deberÌa estar aprobada por el congreso y todas las naciones deberÌan participar en tal acciÛn, no se permitirÌa una acciÛn unilateral de una naciÛn o tribu contra otra. Asimismo, si una naciÛn o tribu se consideraba insultada por otra, debÌa llevar el asunto al congreso, el cual examinarÌa la cuestiÛn y dictarÌa resoluciÛn. Igualmente, las tribus quedaban sometidas a sus jefes de naciÛn, no pudiendo actuar por su cuenta. Por parte de Su Majestad CatÛlica, EspaÒa tendrÌa un representante en dicho congreso con voz pero sin voto. Se permitirÌa a EspaÒa establecer fuertes en territorio de la confederaciÛn india como puntos defensivos contra los Estados Unidos. Los indios podrÌan entrar y salir libremente de los fuertes, desde los cuales EspaÒa suministrarÌa a los indios las armas y municiones que precisasen para defender su territorio. La paz y la guerra solo la podrÌan declarar el congreso, y en caso de guerra EspaÒa estarÌa comprometida a defender a la confederaciÛn india [36] .

La respuesta del Congreso Continental ante el tratado de Nogales fue: por un lado, abandonar la polÌtica llevada hasta aquel momento sobre el oeste (de no-intervenciÛn directa sobre esos territorios, inhibiciÛn sobre la cuestiÛn del comercio por el MisisipÌ...); por otra parte, fomentÛ la actitud belicosa de las gentes del Kentucky y del Tennesse contra EspaÒa, y apoyaron las acciones y expediciones de la CompaÒÌa del Yazoo. Asimismo, fomentÛ los conflictos entre las naciones y tribus indias.

4. LA LUISIANA Y LOS TERRITORIOS DELMEDIO-OESTE

4.1. organizaciÛn de los territorios delmedio-oeste.

La zona enmarcada entre el MisisipÌ, los valles del Ohio y del Illinois, y el sistema Apalaches-Alleghanys, era una tierra denominada dark and blody (oscura y sangrienta) por su frondosidad, por su aislamiento y la belicosidad de los indios. Era una zona de nadie disputada entre EspaÒa y los Estados Unidos, pero a donde la autoridad de estos dos estados no llegaba (ni sus leyes, ni sus funcionarios, ni sus ejÈrcitos y milicias). AsÌ, el territorio se organizaba en pequeÒas comunidades autosuficientes, fuertemente militarizadas y reguladas con sus propias leyes. Ante un peligro toda la comunidad se movilizaba y sus dirigentes se ponÌan al frente de la milicia. Eran comunidades acostumbradas a vivir en la violencia, en la guerra y sus consecuencias. Esto conferÌa a estas sociedades un car·cter extremadamente violento.

Durante la Guerra de Independencia la zona se fue colonizando por anglosajones mon·rquicos: al acabar la guerra un 3% de la poblaciÛn de los Estados Unidos habÌa emigrado a estos territorios [37] . TambiÈn las compaÒÌas de comercio (como las del Yazoo y Transilvania) establecÌan emplazamiento fortificados que funcionaban como bases de exploraciÛn, caza, comercio y defensa. Por estos territorios deambulaban soldados licenciados del EjÈrcito Continental, comerciantes, cazadores, aventureros, y anglosajones, alemanes, espaÒoles, irlandeses, y gentes sin residencia fija. Pero a finales de la dÈcada de 1780, esta poblaciÛn comenzaba a sentir la presiÛn demogr·fica desde el este. Los nuevos colonos eran de idiosincrasia contrapuesta al car·cter errante de los colonos del primer flujo migratorio. En esta nueva corriente las gentes llegaban con sus familias, y se asentaban y se dedicaba a la agricultura. En 1780 solo en el Kentucky habÌa una poblaciÛn de unos 10.000 habitantes y para 1787 brigadier J. Wilkinson, del EjÈrcito Continental pero al servicio de EspaÒa, cifraba dicha poblaciÛn en unos 40.000 hab. con una inmigraciÛn anual de 10.000 personas [38] . Una memoria anÛnima seÒalaba unos 30.000 hab., y en r·pido crecimiento [39] . El censo de 1790 daba una cifra de 73.677 hab. para el Kentucky y 35.000 hab. para el Tennesse. Esto es, sin contar la poblaciÛn negra, entre el Kentucky y el Tennesse estarÌamos hablando de una poblaciÛn que rondarÌa las 100.000 personas en 1790 [40] .

En esta situaciÛn estos territorios tuvieron que formar sus propios Ûrganos judiciales, legislativos y ejecutivos, al tiempo que Virginia y Carolina del Norte se repartÌan el territorio: el condado del Kentucky con capital en Boonesboroug, y el condado del Tennessee con capital en Nashborouh (Nashville), respectivamente. Estos dos procesos (demogr·fico e institucional) dieron mayor identidad propia al territorio, y capacidad para defender sus propios intereses ante Virginia, las dos Carolina, Georgia y el Congreso de los Estados Unidos. Igualmente, dichos procesos produjeron un incremento de los rendimientos agrario y artesanal, cuyos productos solo podÌan salir por tierra (recorriendo enormes distancias con multitud de peligros). AsÌ, cuando esos productos llegaban a los mercados atl·nticos alcanzaban precios muy altos y no eran competitivos. Por toda esta situaciÛn, tres eran las posibilidades que las convenciones del Kentucky y del Tennesse barajaban: La creaciÛn de unos estados independientes incorporados a la ConfederaciÛn de los Estados Unidos; unos estados totalmente independientes aliados de Gran BretaÒa, que se anexionasen la Luisiana por la fuerza; y unos estados confederados a la MonarquÌa Hisp·nica.

4.2. los primeros movimientos indenpentistas del medio-oeste.

El 15 de mayo de 1780 los condados del Kentucky y del Tennesse pidieron formalmente al Congreso Continental su incorporaciÛn a la ConfederaciÛn como Estados [41] . Dichas convenciones optaban claramente por la incorporaciÛn a la ConfederaciÛn y esperaban una respuesta afirmativa por parte del Congreso, pero Èste llevÛ una polÌtica de continuo aplazamiento sobre la "cuestiÛn del oeste". Entre 1784 y 1792 las convenciones de dichos territorios elevaron al Congreso 12 peticiones similares con resultados negativos [42] . El 28 de mayo de 1785 las convenciones del Kentucky y del Tennesse se declararon independientes mediante una declaraciÛn redactada por el brigadier James Wilkinson, y dirigieron un "manifiesto a los habitantes del Kentucky" [43] . El 28 de enero de 1786 dichas convenciones recibieron una respuesta dilatoria por parte de Virginia [44] : para que tal acto fuese legal deberÌan celebrarse nuevas convenciones compuestas de un quorum de dos terceras partes por cada convenciÛn, y con una delegaciones de representantes de la Asamblea General de Virginia en cada c·mara. Esta respuesta era del todo insuficiente, pero antes de llegar a la ruptura, dichas convenciones volvieron a remitir sus demandas en septiembre de 1786 y enero de 1787. Sin embargo, Virginia nuevamente esquivÛ la cuestiÛn alegando diversos motivos, como de falta de quorom, obligando a nuevas convocatorias asamblearias [45] . Paralelamente, se produjo la resoluciÛn del Congreso Continental del 29 de agosto del 1786, aceptando las propuestas espaÒolas sobre lÌmites, navegaciÛn y comercio, dejando aparcada la cuestiÛn del MisisipÌ. Ante tal situaciÛn, dichas convenciones se fueron inclinando cada vez m·s en favor de convertirse en Estados separados de la ConfederaciÛn.

Por su parte, el agente espaÒol D. Gardoqui se hacÌa eco de la situaciÛn en el Kentucky y el Tennesse y escribÌa a Floridablanca, apremi·ndole para que el gobierno espaÒol se decidiese a actuar en favor de la secesiÛn de estos territorios y de la formaciÛn de una alianza o uniÛn, en base a la concesiÛn de la libre navegaciÛn por el MisisipÌ, dado que era la ˙nica vÌa de salida comercial la cual no iban a renunciar. EspaÒa se podÌa beneficiar mucho con la liberalizaciÛn del comercio y estrecharÌa vÌnculos de uniÛn entre los dos lados del MisisipÌ. Gardoqui seÒalaba que "(...) ha llegado el caso de que se trate con seriedad la separaciÛn del nuevo distrito del Kentucky (...)" [46] .

En esta situaciÛn, en el 17 de septiembre de 1787 las convenciones del Kentucky y del Tennesse se volvieron a reunir para ratificar la independencia y poner a J. Wilkinson al frente del movimiento secesionista. TambiÈn se propuso la elecciÛn de una asamblea constituyente que redactase una constituciÛn [47] . J. Wilkinson se perfilÛ como un nuevo "G. Washington" del oeste. En estas circunstancias Virginia y las Carolinas se vieron con dos frentes abiertos: por un lado, impedir la secesiÛn, para lo cual necesitaban el apoyo militar de un Congreso Continental controlado por los estados del noreste Atl·ntico; y por otro lado, la necesidad de llegar a un acuerdo con las convenciones del Kentucky y del Tennesse. El sur supo maniobrar bien: por un lado, alentÛ la idea de asalto a la Luisiana, como forma de calmar los ·nimos independentistas del middle ground. Por otro lado, esto fue utilizado para plantear un nuevo desafÌo al Congreso Continental, esto es, que se viese obligado a declarar la guerra a EspaÒa y abrir el oeste. Por su parte, las convenciones del middle ground se subieron al proyecto de "asalto" a la Luisiana, confiando en que el Congreso les ofrecerÌa la independencia a cambio de desengancharse de tal propÛsito bÈlico y deshacer su alianza con el sur. Buenos ejemplos de estas enormes tensiones en el seno de la ConfederaciÛn son los editoriales de los periÛdicos y gacetas, como la de Richmon, y toda una serie de publicÌstica, como las "Noticias de los Estados Unidos de AmÈrica" (en Filadelfia a 8 de mayo de 1787) que llamaban abiertamente a las revueltas y a la guerra contra EspaÒa [48] .

Ante esta degradaciÛn de la situaciÛn el Congreso de los Estados Unidos pasÛ a la iniciativa: primero, actuÛ en favor de Virginia neg·ndose a acceder a las pretensiones de las convenciones del middle ground, el Congreso no iban a romper la ConfederaciÛn por la "cuestiÛn del oeste". Segundo, se opuso a cualquier acto de ataque a la Luisiana, el Congreso tampoco iba a comenzar una guerra contra EspaÒa apenas un aÒo despuÈs de haber firmado el tratado de amistad y cooperaciÛn de 1786. Esta decisiÛn del Congreso causÛ gran decepciÛn en los territorios del middle ground, que se replantearon su estrategia respecto a la ConfederaciÛn de los Estados Unidos. De tal modo, desde mediados de 1787 comenzÛ a tomar fuerza la opciÛn de crear un Estado independiente aliado de Gran bretaÒa o de EspaÒa, o incluso unos estados confederados a la MonarquÌa Hisp·nica.

4.3. el proyecto de "asalto" brit·nico a la luisiana.

Los primeros acuerdos entre el Kentucky y el Tennesse con Gran BretaÒa se remontan a 1783, cuando una comisiÛn conjunta tratÛ con el Conde Shelburne la ayuda que estos territorios recibirÌan de Gran BretaÒa, a travÈs del Canad·, para sus independencias y sublevaciÛn contra los Estados Unidos, asÌ como para atacar a la Luisiana. Los territorios entorno al MisisipÌ quedarÌan bajo control brit·nico que garantizarÌa la independencia de tales territorios y la libre navegaciÛn y comercio. Una segunda comisiÛn del medio-oeste se reuniÛ con Lord Buckingham en 1786 elaborando un proyecto concretado el 22 de agosto de 1787. Es en este cuadro donde toma pleno sentido el acuerdo entre Gran BretaÒa con los Estados Unidos de 24 de septiembre de 1782, en lo que respecta a la cuestiÛn del MisisipÌ y las Floridas [49] .

Seg˙n el acuerdo del 22 de agosto de 1787, el gobierno brit·nico se comprometÌa a remitir 100.000 libras esterlinas a las convenciones del Illinois, del Ohio, de Kentucky y de Tennesse, para levantar una milicia de 10.000 hombre dirigidos por los generales Clark, Tate y Green. Hombres de negocios del medio-oeste, como Thomas Powell, aportarÌan las cantidades restantes necesarias. A cada hombre se le prometÌan 15 pesos al mes m·s concesiones de tierra (libre) en propiedad. Este ejÈrcito atacarÌa la Luisiana en direcciÛn al oeste y al sur, al tiempo que el ejÈrcito brit·nico descenderÌa desde los cauces altos del sistema Misouri-MisisipÌ hasta unirse con las milicias americanas. Igualmente, se fomentarÌan revueltas de los ingleses y franceses de la Luisiana. Entre tanto, la flota inglesa y los navÌos americanos dirigidos por el espaÒol (mallorquÌn) Farragut se dividirÌan en dos: una parte pondrÌa cerco a Nueva Orleans, desgaj·ndose un grupo que remontarÌa el MisisipÌ; otra parte se dirigirÌa a MÈjico y AmÈrica del Sur, inquietando las costas y fomentando sublevacion en las comunidades criollas [50] . Este complot brit·nico acabÛ en fracaso, los conspiradores fueron detenidos unos, y huyeron otros hacia las colonias brit·nicas y espaÒolas poniÈndose al servicio de ambas potencias.

4.4. la respuesta espaÒola en elmedio-oeste.

Para mediados del 1787 habÌan fracasado las dos primeras opciones manejadas por los territorios del middle ground: la creaciÛn de unos estados independientes incorporados a la ConfederaciÛn de los Estados Unidos, y unos estados totalmente independientes aliados de Gran BretaÒa, por lo que era necesario optar por la tercera vÌa: unos estados confederados a la MonarquÌa Hisp·nica.

Ya el 20 de diciembre de 1786 el brigadier J. Wilkinson dirigiÛ carta al encargado de negocios Francisco Crozat, gobernador del establecimiento espaÒol del Ilinoa, solicitando una entrevista con D. Gardoqui. Desde ese momento, Wilkinson se convirtiÛ en agente de EspaÒa. 15 de mayo de 1787, Wilkinson informaba al gobierno de la Luisiana sobre los preparativos de los territorios del middle ground y de Gran BretaÒa para asaltar la Luisiana, sobre la represiÛn del movimiento independentista por Virginia, y sobre sus contactos con el Congreso de los Estados Unidos [51] . J. Wilkinson dio un paso m·s y, entre junio y septiembre de 1787, se entrevistÛ personalmente con el gobernador E. MirÛ a quien entregÛ una declaraciÛn en la cual afirmaba estar determinado a "(...) cambiar mi fidelidad de los Estados Unidos a su Magestad CatÛlica (...)", por "(...) las circunstancias y polÌtica de los Estados Unidos (...)" [52] . Esto es, despuÈs de haber luchado contra Gran BretaÒa por la independencia, ahora Èsta volvÌa a intentar anexionarse territorios americanos, mientras que por otro lado, la guerra de emancipaciÛn no habÌa supuesto la independencia de las comarcas medias, sino la sustituciÛn de un sometimiento por otro. El resultado de la entrevista entre J. Wilkinson y E. MirÛ fue la decisiÛn polÌtica y militar por ambas partes de transformar el mapa polÌtico de la AmÈrica septentrional. Para ello, J. Wilkinson elaborÛ una memoria donde exponÌa los motivos que forzaban a dar una salida en favor de EspaÒa [53] :

1. EspaÒa era la que tenÌa el control efectivo sobre el MisisipÌ, mientras que la uniÛn confederal habÌa renunciado a defender los derechos del medio-oeste sobre la navegaciÛn por el MisisipÌ, estando "los estados mas poblados y poderosos [de la UniÛn] (...) opuestos a ella". El reconocimiento por parte del Congreso del derecho exclusivo de EspaÒa sobre el rÌo en 1786, era consecuencia del estado interno de la confederaciÛn donde predominaban los intereses de los estados atl·nticos, los cuales hacÌan leyes a su medida. Sin embargo, pese a todo ello, a los territorios del oeste se les exigÌan fuertes tributos a la caja confederal.

2. La guerra de independencia nada habÌa cambiado: la amenaza brit·nica continuaba en el norte, los indios realizaban incursiones saqueadoras y, mientras, los Estados Unidos estaban "divididos en polÌtica, desunidos en intereses, desconcertados en sus consejos, agobiados con deudas, y sin crÈdito, ni dentro, ni fuera". Dada esa situaciÛn, estos territorios habÌan pedido la independencia como estados dentro de la UniÛn, para poderse defender, darse sus propias leyes y autogobernarse, pero Virginia y el Congreso se negaban a reconocerles sus derechos.

3. Por todo ello, las convenciones del medio-oeste consideraban sus "vÌnculos de fidelidad disueltos quedando ellos en libertad de proveer su propia conservaciÛn".

Seguidamente, en dicha memoria J. Wilkinson planteaba el siguiente proyecto: La independencia de estos territorios y una alianza con EspaÒa o incluso una confederaciÛn, donde dichos territorios tendrÌan una amplia autonomÌa y capacidad de gobierno, admitiendo a estas gentes como "vasallos con ciertos privilegios en materia de religiÛn y polÌtica conforme al genio y necesario bienestar" de sus gentes. Asimismo, se darÌan libertad de lengua y comercio, quedando el MisisipÌ abierto para ellos. Adem·s, se permitirÌa a estas gentes asentarse sobre los valles de dicho rÌo e incluso en la Luisiana, haciÈndoles jurar fidelidad al Rey CatÛlico. Esto solucionarÌa la falta de poblaciÛn de la Luisiana, fuente de su debilidad. EspaÒa deberÌa ayudar militarmente a la sublevaciÛn y extender los acuerdos con las naciones indias a estos territorios, cesando las agresiones indias. Si EspaÒa accedÌa a esta proposiciÛn se podÌa "enajenar los americanos occidentales de los Estados Unidos, destruir los designios insidiosos de la Gran BretaÒa y echar aquellos en brazos de la EspaÒa". Por ˙ltimo, Wilkinson advertÌa que "los notables de estos recientes establecimientos consideran (...) una amigable composiciÛn con la EspaÒa, o hostilidades con auxilio de la Gran BretaÒa (...) los referidos establecimientos est·n determinados a hacer la primera proposiciÛn a la EspaÒa, y en caso de no admitirla, abrazar la polÌtica de la Gran BretaÒa" [54] .

Para progresar en este empeÒo EspaÒa deberÌa avanzar sus puestos militares introduciÈndose en las comarcar medias y mandar agentes a recorrerlas para seducir a los indecisos. Pecisamente, esto es lo que estaban haciendo Gran BretaÒa y los Estados Unidos. Ya en 1785, el agente espaÒol Mac Gillibray informaba a E. MirÛ [55] de las labores de captaciÛn de adeptos realizadas por los agentes brit·nicos y los comisarios norteamericanos. Entre las agentes captadas por los brit·nicos estaban los generales Clarck y Mongomery entre otros (precisamente, aquellos que pactaron con Gran BretaÒa el acuerdo de 1787 de asalto a la Luisiana) [56] .

 

El Proyecto Wilkinson no fue la ˙nica propuesta que recibiÛ EspaÒa. El capit·n del ejÈrcito francÈs P. Wouves d'Arges, al igual que otros oficiales franceses, se puso al servicio de EspaÒa al finalizar la guerra de independencia. Con apoyo de ParÌs, Wouves proponÌa organizar todo el territorio al occidente del los Alleghanys entre EspaÒa y Francia (en el marco de los Pactos de Familia), dado que sÛlo con una acciÛn combinada de las dos potencias se podrÌa poblar el territorio, controlarlo y sujetarlo bajo soberanÌa espaÒola. El proyecto incidÌa en el aspecto colonizador como pieza esencial. A principios de 1787 Wouves remitiÛ al Conde de Aranda su propuesta. …ste se mostrÛ favorable [57] , pero sus expectativas volvieron a chocar con la postura negativa de Floridablanca, receloso ante esta proposiciÛn francesa.

Otros proyectos similares que el gobierno espaÒol recibiÛ fueron: el del coronel Morgan, del EjÈrcito Continental (septiembre de 1788); el del congresista John Brown, el Procurador General del Kentucky Harry Innes y el mayor Isaac Dunn (enero de 1789); el del general BarÛn Steuben... Entre estos proyectos especial relevancia tiene el plan James White, delegado de Carolina del Norte en el Congreso. …ste, el 18 de septiembre de 1787, se dirigiÛ a D. Gardoqui para proponerle la separaciÛn de los condados del Cumberland y Franklin y ponerlos bajo soberanÌa espaÒola [58] . J. White seÒalaba que si EspaÒa ofrecÌa la libertad de navegaciÛn y comercio "(...) adquirirÌa S.M.C. la voluntad de ellos para siempre y se estrecharÌan lig·ndose con S.M.C en calidad de estado independiente (...) y servir·n de barrera bajo los pactos m·s solemnes que S.M.C dispusiese (...)", y aÒadÌa "(...) me consta que va V.M. a triunfar de lo que jam·s creyeron los Estados Unidos ceder a la EspaÒa (...)", si accede a estas peticiones. Ahora bien, White acababa advirtiendo que "(...) nadie puede dudar que aquellos establecimientos ser·n alguna vez muy importantes a la EspaÒa, asÌ como de su enemistad pudiera resultarla muchos perjuicios. Quisiera que V.M. se impusiera bien de la gravedad de esta verdad (...)".

Todas estas propuestas eran centradas sobre D. Gardoqui que las canalizaba y remitÌa al gobernador MirÛ con su parecer. Gardoqui y MirÛ estaban de acuerdo en que tales proposiciones no eran m·s que pequeÒas partes del plan global de Wilkinson, y todas ellas coincidÌan en finalizar con amenazas a EspaÒa, caso de que no se accediese dar la libre navegaciÛn [59] . E. MirÛ remitiÛ a la Corte informaciÛn el plan Wilkinson el 25 de septiembre de 1787 [60] pidiendo al gobierno una decisiÛn favorable. MirÛ estimaba que: los Estados Unidos habÌan licenciado al ejÈrcito y tenÌan grandes problemas internos (tanto polÌticos como econÛmicos) con riesgo real de desintegraciÛn; por su parte, los dirigentes del oeste estaban decididos a constituirse en estados independientes de la ConfederaciÛn, y a unirse a EspaÒa si se permitÌa la libre navegaciÛn y comercio. La conclusiÛn de MirÛ era clara: esta era una oportunidad que EspaÒa no podÌa dejar pasar.

Entre tanto se recibÌa respuesta de Madrid, J. Wilkinson jugaba a dos barajas. Por un lado: informÛ a la convenciÛn del Kentucky sobre la actitud favorable del gobernador de la Luisiana al proyecto secesionista. …sta, en reuniÛn del 17 de septiembre de 1787, aprobÛ declarar la independencia para el 31 de diciembre de 1788. TambiÈn resolviÛ convocar una congreso constituyente cuya funciÛn serÌa elaborar la constituciÛn del nuevo Estado. Asimismo, dicha convenciÛn eligiÛ una delegaciÛn para negociar con el gobernador E. MirÛ [61] . Por otro lado: sobre de noviembre de 1788 Wilkinson mantenÌa contactos con el coronel Connolly, enviado brit·nico del gobernador del Canad· Lord Dorchester. El resultado de los tratos entre Wilkinson y Connolly fue la garantÌa brit·nica de ayuda a los establecimientos occidentales en sus propÛsitos secesionistas, asÌ como abrir la navegaciÛn del MisisipÌ en cuanto se desposeyera a EspaÒa de la Luisiana [62]

Todo esto causaba gran alarma en tanto en Filadelfia como en Virginia, por lo que el Congreso Continental se propuso controlar estos territorios. El 13 de julio de 1787 el Congreso declaraba al middle ground territorio federal y exento de esclavitud, y lo dividÌa segregando el llamado Northwest territory mediante la Northwest Ordinance [63] . Esta ordenanza establecÌa el derecho de proclamarse estado a partir de los 60.000 habitantes, de 50.000 a 60.000 el territorio se podÌa autoadministrar bajo la dependencia del Congreso, mientras que para los territorios de menos de 5.000 habitantes se establecÌa la administraciÛn directa por el Congreso a travÈs de un gobernador, asistido por secretarios y juez. Con esto, el Congreso reforzaba ante EspaÒa la pertenencia jurÌdica de estos territorios a la UniÛn. Ante el sur, el Congreso declaraba a estas comarcas como futuros estados no esclavistas, con lo que los estados del noreste se aseguraban la continuidad de su mayorÌa en el dicha C·mara. Asimismo, con todo ello, se intentaban calmar los ·nimos del oeste.

Es en este contexto donde deben ser entendidas las declaraciones del Congreso, durante los meses de junio y julio de 1787, por las cuales se aprobaba "(...) que el Distrito [Kentucky] sea erigido en Estado separado y miembro de la UniÛn (...)", aunque demorando tal promulgaciÛn debido a la situaciÛn de la ConfederaciÛn y las circunstancias que atraviesa. Es decir, en este punto el Congreso cedÌa a la estrategia dilatoria de Virginia. …sta, en su asamblea de 28 de diciembre de 1788, pidiÛ a las convenciones del oeste que se mantuviesen en la legalidad, esto es, que su decisiÛn sobre la independencia se realizase en asambleas legalmente constituidas y autorizadas, seg˙n ya estaba propuesto, adem·s, la independencia no podrÌa llevarse a cabo antes del 1 de noviembre de 1790 [64] .

En el middle ground, estas nuevas noticias junto a la confusa situaciÛn (la falta de respuesta del gobierno de Madrid, la vacilaciÛn de los implicados en la secesiÛn...), llevÛ a demorar cualquier acciÛn. En este comp·s de espera, el 1 de diciembre de 1788 el gobierno espaÒol resolviÛ sobre la cuestiÛn de la AmÈrica occidental. El gobierno aprobaba la idea esencial del Proyecto Wilkinson pero bajo par·metros nuevos [65] : se desestimaba cualquier acuerdo o acciÛn que implicase a EspaÒa en una guerra con los Estados Unidos. No se cedÌa a la libre navegaciÛn y comercio por el MisisipÌ, los productos de aquellos territorios que bajasen por el rÌo deberÌan pagar un impuesto del 15% sobre las mercancÌas transportadas. Tampoco se cedÌa en la libertad de inmigraciÛn a la Luisiana, la inmigraciÛn y el asentamiento se deberÌan realizar bajo licencia, y los colonos deberÌan regirse por las leyes de EspaÒa jurando fidelidad a Su Majestad CatÛlica. Tampoco se permitÌa la libertad religiosa, las iglesias establecidas debÌan ser catÛlicas y regidas por catÛlicos. Por ˙ltimo, a los implicados en la secesiÛn se les ofrecÌa recompensas en tierras y propiedades de la Luisiana, en caso de fracar la secesiÛn.

Esta respuesta de Madrid era, en el fondo, un rechazo al Proyecto Wilkinson por los motivos siguientes: 1) Se dejaba toda la iniciativa en manos de las confusos y vacilantes gestores del plan secesionista y de sus convenciones del oeste, siendo la ayuda espaÒola a posteriori y de forma indirecta y clandestina. Sin unas garantÌas claras de intervenciÛn espaÒola dichas convenciones no irÌan a la secesiÛn y a la guerra. 2) La guerra entre EspaÒa y los Estados Unidos solo se podÌa evitar si, ante unos hechos consumados por parte del Kentucky y del Tennesse, el Congreso Continental reconocÌa sus independencias. La contrariedad era que, en esa situaciÛn, las convenciones de estos territorios preferirÌan quedarse en la ConfederaciÛn y empujar al Congreso a una acciÛn sobre el MisisipÌ, con lo que finalmente una guerra hispano-norteamericana serÌa inevitable. 3) Esas gentes solo aceptarÌan la libre navegaciÛn y comercio en la Luisiana, asÌ como la libertad religiosa, de inmigraciÛn y de autogobierno.

La respuesta de Madrid causÛ gran decepciÛn en el middle ground. El propio J. Wilkinson remitÌa cartas a E. MirÛ sobre la necesidad de cambiar el plan: dadas las circunstancia presentes "(...) ser· m·s ˙til a la Corte de EspaÒa dexar la idea de recibir al pueblo del Kentucky baxo el dominio de S.M. y emplear todos los medios indirectos a fin de separar este paÌs de los Estados Unidos (...)". Es de remarcar que Wilkinson hablaba, ya sÛlo, de la utilizaciÛn medios indirectos por parte de EspaÒa y de coaliciÛn o alianza [66] . Este cambio de estrategia no solo fue fruto de la tardÌa y pusil·nime respuesta del gobierno espaÒol, sino tambiÈn de los cambios producidos en el sistema confederal durante este Ìnterin. Por otro lado, las nuevas circunstancias internacionales (RevoluciÛn Francesa y alianza entre la ConvenciÛn y los Estados Unidos) tuvo gran efecto en este vuelco de la situaciÛn.

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NOTAS.

[1] Cantillo, A.; Tratados, convenios y declaraciones de paz y de comercio que han hecho con las potencias estranjeras los monarcas espaÒoles de la Casa de BorbÛn desde el aÒo 1700 hasta el dÌa. Imp. de Alegria y Charlain, Madrid, 1843. Pp.489 y ss..

[2] Serrano y Sanz, M.; Documentos historicos de la Florida y la Luisiana. Madrid, 1915. Pp.265 y ss.., citado en [2] Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?. 1787-1789. ContribuciÛn al Estudio de las primeras relaciones entre EspaÒa y los Estados Unidos de NorteamÈrica. Instituro Fernando El CatÛlico, Zaragoza, 1949.P.4.

[3] Montero de Pedro, J.; EspaÒoles en Nueva Orleans y la Luisiana. Ed. de Cultura Hisp·nica, Madrid, 1979. Pp. 7 y ss., p.22.

[4] Montero de Pedro, J.; EspaÒoles...op.cit.,pp.25.

[5] Montero de Pedro, J.; EspaÒoles...op.cit.,pp.25 y ss..

[6] Armillas Vicente, J.; El MisisipÌ, frontera de EspaÒa: EspaÒa y los Estados Unidos ante el tratado de San Lorenzo. FundaciÛn Fernando El CatÛlico, Zaragoza, 1977. P.16.

[7] Montero de Pedro, J.; EspaÒoles...op.cit.,p. 124

[8] A.H.N., Estado, leg. 3.884. Despacho de Aranda a Grimaldi de 13 de enero de 1777. TambiÈn en Yela Utrilla, J.; EspaÒa ante la indenpendencia de los Estados Unidos. Academia Mariana, LÈrida, 1925. vol 2,pp.42-43.

[9] Montero de Pedro, J.; EspaÒoles...op. cit.,p.44.

[10] Montero de Pedro, J.; EspaÒoles... op. cit.,pp.41 y ss.., Serrano Sanz.,M.; "RelaciÛn de la campaÒa de G·lvez",Documentos...op.cit.,pp.343-352, citado en Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?... op.cit.,p.4.

[11] Montero de Pedro, J.; EspaÒoles...pp.44-45, Thompson, B.P.;Spain: forgotten ally of the American Revolution. Christopher Publishing House, North Quincy, Mass.,1976.P.102.

[12] Montero de Pedro, J.; EspaÒoles...op.cit.,pp.41 y ss..

[13] Flagg, Bemis, S.; The diplomacy of The american revolution. Indiana University press, 1967.

pp.260-261.

[14] S·nchez Montero, R.; "La misiÛn de John jay en EspaÒa". Anuario de Estudios Americanos, n∫23.

[15] Armillas Vicente, J.; El MisisipÌ...op. cit.,pp.16 y ss..

[16] Yela Utrilla, J.; EspaÒa...op. cit.,vol.I, pp.477-480. Cantillo, A.; Tratados...op.cit.,pp.474-475.

[17] Montero de Pedro, J.; EspaÒoles...op.cit.,pp.124.

[18] Vicens Vives, J.; Historia social op.cit.,y econÛmica de EspaÒa y AmÈrica. Vol. IV, Vicens-Vives. Barcelona, 1972. Pp.221-223

[19] Willi, P.A.; Los Estados Unidos de AmÈrica. SigloXXI,Madrid, 1990.Pp.15.

[20] Willi, P.A.; Los Estados Unidos...op.cit.,pp.33-34.

[21] Willi, P.A.; Los Estados Unidos...op.cit.,pp.33-34.

[22] Willi, P.A.; Los Estados Unidos...op.cit.,pp.36-37.

[23] Willi, P.A.; Los Estados Unidos...op.cit.,pp.37.

[24] Willi, P.A.; Los Estados Unidos...op.cit.,pp.36.

[25] Willi, P.A.; Los Estados Unidos...op.cit.,pp.45.

[26] A.H.N., Estado, leg. 3885. TambiÈn en Armillas Vicente, J.; El MisisipÌ...op.cit.,pp.25 y ss..

[27] S·nchez Montero, R.; "La misiÛn de John jay en EspaÒa". Anuario de Estudios Americanos, n∫23. Santoyo; J.C.; Arthur Lee: historia de una embajada secreta. Caja de Ahorros Municipal de la Ciudad de Vitoria, Vitoria, 1977.

[28] Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?....op.cit.,p.9.

[29] Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...op.cit.,p.16.

[30] Gomez del Campillo, M.; Relaciones diplom·ticas entre EspaÒa y los Estados Unidos. A.H.N., Estado, Cat·logo, vol.II. Pp.385-398. Armillas Vicente, J.; El MisisipÌ...op.cit.,pp.125-126.

[31] A.H.N., Estado, leg. 3885.

[32] A.H.N., Estado, loc.cit.

[33] Armillas Vicente, J.; El MisisipÌ...op.cit.,pp.95, Montero de Pedro, J.; EspaÒoles..op.cit.,pp.58 da una cifra de 15.000.

[34] Armillas Vicente, J.; El MisisipÌ...op.cit.,pp.96-98

[35] Armillas Vicente, J.; El MisisipÌ...op.cit.,pp.96-98.

[36] A.G.I., Cuba, leg. 16.

[37] Willi, P.A.; Los Estados Unidos...op.cit.,pp.26.

[38] Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...op.cit.,pp.13.

[39] A.H.N., Estado, leg 3886.

[40] Armillas Vicente, J.; El MisisipÌ...op.cit.,pp.52.

[41] Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...op.cit.,pp.20.

[42] Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...op.cit.,pp.20.

[43] A.H.N., Estado, leg. 3886.

[44] A.H.N., Estado,loc.cit..

[45] Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...op.cit.,pp22.

[46] Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...op.cit.,pp21.

[47] A.H.N., leg, 3888, Gazeta del Kentucky n∫ 28, 8 de marzo de 1788. Estracto del diario de la ConvenciÛn del Kentucky. Citado en Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...op.cit.,pp.55.

[48] A.H.N., leg. 3886. CÛpia de una carta escrita en Nashville en los establecimientos al oeste de la Carolina del Norte. Citado en Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...op.cit.,pp.19. Armillas Vicente, J.; El MisisipÌ...op.cit.,pp.31.

[49] BEARD, M.; CHARLES, A.; Historia de la civilizaciÛn de los Etados Unidos de AmÈrica del Norte: desde sus orÌgenes hasta el presente. Guillermo Kraft, Buenos Aires, 1946. Vol.I, pp.440 y ss..

[50] Armillas Vicente, J.; El MisisipÌ...op.cit.,pp.31-36 y ss.., Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...op.cit.,pp.23-24.

[51] Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?..op.cit.,pp.24 y ss..

[52] A.G.I., Cuba, leg. 2375. Citado en Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...pp.27-28.

[53] A.H.N., leg, 3888. Memoria del Brigadier Jayme Wilkinson. Citado en Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...op.cit.,pp.30 y ss..

[54] A.H.N., loc.cit. Memoria del Brigadier Jayme Wilkinson. Citado en Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...op.cit.,pp.30 y ss.: "Lista de notables". Apoyan el plan Wilkinson: el Procurador General del Kentucky Harry Innes, el jurista BenjamÌn Sebastian, el congresista John Brown, el juez Caleb Wallace, el abogado y hombre de influencia John Fowler. Apoyan la independencia del Kentucky y una amiglable conexiÛn a EspaÒa: el comandante de milicia BenjamÌn Logan, el habitante de fortuna y de influencia Isaac Shelby, el coronel James Gerard. A favor de la independencia: el ministro Guillermo Wood, el coronel Henrry Lee, el coronel Roberton Jonston, el general Lawson (amigo de Wilkinson), el habitante de influencia Ricardo Tyler, el caballero de fortuna (amigo de Wilkinson) Jorge Nicol·s Escudero, el hombre de fortuna Alejandro Scot Bullet. A favor de Gran BretaÒa: el agrimensor Thomas Marshall, el agrimensor Richard Canderson, el juez Jorge Mutter, el coronel Robreto Caldwell, el hombre de influencia Green Clay, el hombre de influencia Samuel Taylor, el villano Humphrey Marshall.

[55] A.H.N., leg. 3885. 15 de mayo de 1785.

[56] Armillas Vicente, J.; El MisisipÌ...op.cit.,pp.94-96, Relaciones diplom·ticas entre EspaÒa y los Estados Unidos a finales de siglo XVIII. Universidad de Zaragoza, 1973. Pp.105 y ss.. La participaciÛn de Gran BretaÒa en estos complots contra EspaÒa tendrÌa como primer objetivo debilitar la posiciÛn de EspaÒa en el MisisipÌ e incrementar las tesiones entre EspaÒa y los Estados Unidos.

[57] Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...op.cit.,pp.45 y ss.. Asimismo, sobre los orÌgenes de los proyectos colonizadores del MisisipÌ A.H.N., Estado leg. 659. Consejo de Estado de 28 de junio de 1702 y de 12 de agosto. La cuestiÛn ya se planteÛ en estos consejos. El embajador espaÒol en ParÌs Castell Dosrius elevÛ al Consejo propuesta de Luis XIV y Felipe V sobre la exploraciÛn, poblamiento, gobernaciÛn y administraciÛn conjunta del MisisipÌ, como ensayo y modelo para extender un sistema de gobierno conjunto a toda AmÈrica y EspaÒa, resultando al final del proceso la uniÛn de las dos coronas: Consideraba la Francia que solo con la conjunciÛn de las dos monarquÌas se tenÌa capacidad para retener AmÈrica en exclusividad, expulsando a ingleses y holandeses, y mantener conectada a toda la MonarquÌa desde Europa a AmÈrica como si de un solo territorio continuo se tratase. Las colonias inglesas quedarÌa encerradas entre el Atl·ntico y los Alleghanys, y desconectadas de Gran BretaÒa, situaciÛn con la que no tendrÌan m·s remedio que orientarse, econÛmica y polÌticamente, hacia la MonarquÌa Hisp·nica. El Consejo resolviÛ que no habÌa otra salida que la colaboraciÛn con Francia, pero solo en AmÈrica y para estos territorios del MisisipÌ, rechazando el resto de las propuestas de Luis XIV porque significaban llegar a la uniÛn de las dos monarquÌas.

[58] Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...op.cit.,pp.57 y ss..

[59] Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...op.cit.,pp.47 y ss..

[60] A.H.N., Estado, leg. 3888. Citado en Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?..op.cit.,pp.207-214.

[61] A.H.N., Estado, loc.cit. Estracto de los diarios de la convenciÛn en la Gazeta de Kentucky de 28 de marzo de 1788. Citado en Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...op.cit.,pp.55.

[62] Reuniones de Connolly-Wilson entre el 8 y el 20 de noviembre. Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...op.cit.,pp.65-66.

[63] Roberson, J.M.; "James Monroe and the tree-to-five clause of the Northwest Ordinance". Early America Review. Summer-Fall 2001.

[64] Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...op.cit.,pp.60, 66-67.

[65] Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...op.cit.,pp.73-74

[66] 17 de septiembre de 1789 A.H.N., leg 3886. Citado en Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...op.cit.,pp.81.

[67] Armillas Vicente, J.; El MisisipÌ...op.cit.,pp.25-26

[68] Armillas Vicente, J.; El MisisipÌ...op.cit.,pp.55 y ss..

[69] Armillas Vicente, J.; El MisisipÌ...op.cit.,pp.63.

[70] Armillas Vicente, J.; Ecos de la RevoluciÛn Francesa en los Estados Unidos. Universidad de Zaragoza, 1973. Pp.76.

[71] Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...op.cit.,pp.83-84.

[72] Yela Utrilla, J.; EspaÒa...op.cit.,vo.l.I,pp.477, Armillas Vicente, J.; El MisisipÌ...op.cit.,pp.76, Willi, P.A.; Los Estados Unidos...op.cit.,pp.53-55.

[73] Armillas Vicente, J.; El MisisipÌ...op.cit.,pp.170-172,Willi, P.A.; Los Estados Unidos...op.cit.,pp.55.

[74] Willi, P.A.; Los Estados Unidos...op.cit.,pp.55-56

[75] Yela Utrilla, J.; EspaÒa...op.cit.,vol.I, pp. 477.

[76] Montero de Pedro, J.; EspaÒoles...op.cit.,pp.54-55.

BIBLIOGRAFÕA

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