|
LAS RELACIONES ENTRE ESPA—A Y LOS ESTADOS UNIDOS
LA LUISIANA Y LOS TERRITORIOS DEL MEDIO-OESTE (1763-1795)
Por Antonio RamÛn PeÒa Izquierdo
RESUMEN
El presente artÌculo plantea las relaciones polÌticas, militares
y sociales que se establecieron entre EspaÒa y los Estados Unidos sobre
unos territorios del medio-oeste o middle ground, muy poco poblados
y disputados entre una gran potencia europea y una rep˙blica que acababa
de nacer. Entre estos dos estados se entablaron unas relaciones que oscilaron
entre la cooperaciÛn y el enfrentamiento. Dos concepciones y modelos polÌticos
y socioeconÛmicos opuestos coincidieron y chocaron en un mismo espacio
fÌsico.
Palabras clave: territorios del
middle ground, Congreso Continental, EjÈrcito Continental,
convenciones del oeste, asamblea de Virginia, Luisiana, MisisipÌ,
gobierno espaÒol, Gran BretaÒa, Francia, James Wilkinson, JosÈ Bernardo
G·lvez, Esteban MirÛ, Conde de Aranda, Floridablanca, George Washington.
ABSTRACT
This article analyses the political, military and social
relations that were established between Spain and the United States on
the middle ground territories since 1763 to 1795. A great European power
and a new republic fought over those unpopulated territories and the relations
between them oscillated between cooperation and confrontation. Two opposite
conceptions and political and socioeconomic models clashed and crushed
in the same place.
Key words: middle ground territories, Continental Congress,
Continental army, Western Conventions, Virginia Assembly, Louisiana, Mississippi,
Spanish government, Great Britain, France, James Wilkinson, JosÈ Bernardo
G·lvez, Esteban MirÛ, Conde de Aranda, Floridablanca, George Washington,
State Board.
ABREVIATURAS
A.G.I.: Archivo General de Indias.
A.H.N: Archivo HistÛrico Nacional.
Op. Cit: Opus citate.
Loc. Cit: Locum citate.
Leg: Legajo.
PP: p·ginas.
Ss: siguientes.
1. LA LUISIANA: SITUACI”N POLÕTICO-MILITAR Y LÕMITES
La Paz de ParÌs del 10 de febrero de 1763 puso fin a la
guerra de los siete aÒos y supuso la reestructuraciÛn de los territorios
del norte de AmÈrica entorno al MisisipÌ. El artÌculo 7 del tratado fijaba
los confines entre Francia y Gran BretaÒa "(...) los confines se fijar·n
irrevocablemente con una lÌnea tirada en medio del rÌo MisisipÌ desde
su nacimiento hasta el rÌo Iberville, y desde allÌ con otra lÌnea tirada
en medio de este rÌo con los lagos Maurepas y Pontchartrain hasta el mar
(...)". Por el artÌculo 20 quedaba en posesiÛn de Gran BretaÒa quedaba
todo lo situado en la orilla Èste del MisisipÌ, con la Florida y la BahÌa
de Penzacola, con San AgustÌn, la Movila y su rÌo, y todas las posesiones
espaÒolas al este y sudeste del MisisipÌ. El resto de los territorios
al oeste de dicho rÌo quedaban en posesiÛn de Francia. Asimismo, el tratado
declaraba la libre navegaciÛn por el MisisipÌ para todos los vasallos
de Gran BretaÒa y Francia [1]
. De tal modo, todo el norte de AmÈrica quedaba dividido en dos soberanÌas,
la de Gran BretaÒa y la de Francia. Ahora bien, EspaÒa y Francia firmaron
el tratado de Fontenebleau el 3 de noviembre de 1762, por el cual Francia
cedÌa a EspaÒa la Luisiana incluida Nueva Orleans y su isla [2] .
En 1766 Antonio Ulloa llegÛ a la Luisiana con 90 soldados
y 3 funcionarios para tomar posesiÛn de la provincia como nuevo gobernador
en nombre del rey de EspaÒa. A su llegada, A. Ulloa se encontrÛ con una
situaciÛn crÌtica: crisis econÛmica y polÌtico-militar. TenÌa que gobernar
sobre un extenso territorio muy poco poblado, con el comercio interrumpido,
con una mayorÌa de poblaciÛn francesa exaltada al borde de la rebeliÛn,
y con un ejÈrcito que no llegaba a los 100 soldados espaÒoles
[3] . Mientras, el ejÈrcito brit·nico se fortificaba en la orilla
oeste del MisisipÌ violando el tratado de ParÌs y se disponÌa a conquistar
de la Luisiana, ˙nico obst·culo para su avance hacia el pacÌfico. El peligro
de invasiÛn brit·nico llevÛ a los criollos franceses a rechazar la revuelta
violenta para recuperar el control de la colonia, optando por la colaboraciÛn
con Ulloa a cambio de restablecer el comercio con las colonias francesas
del Caribe. En 1768 la situaciÛn era insostenible, y A. Ulloa no tuvo
m·s remedio que aceptar la colaboraciÛn francesa y formar un gobierno
con los criollos franceses. De este modo, los franceses volvieron a controlar
la colonia que pasÛ a ser dirigida por un Consejo Supremo que adjudicÛ
las funciones propias del gobernador. Pese a todo, Ulloa continuÛ despachando
disposiciones: entre las m·s graves est·n los edictos prohibiendo el tr·fico
comercial con las colonias francesas del Caribe. Finalmente, el Consejo
y el capit·n del ejÈrcito francÈs Aubrey recomendaron al gobernador su
salida de la colonia junto con sus 90 soldados y 3 funcionarios. Aubrey
evitÛ, asÌ, un enfrentamiento entre franceses y espaÒoles que solo hubiese
beneficiado a los brit·nicos [4] .
Pese a esta referida situaciÛn la clave del control de la
Luisiana estaba en Cuba. El Consejo de Estado espaÒol habÌa mandado a
Ulloa como gobernador bajo la jurisdicciÛn militar del gobierno de la
Habana. Esta era otra de las razones por la cual los criollos franceses
habÌan evitado revuelta abierta, que hubiese implicado una respuesta militar
del gobierno de la Habana. De hecho, desde Cuba ya se habÌan consignado
al continente un contingente militar de 2.600 soldados al mando del general
O'Reilly junto a un nuevo gobernador, Luis Unzaga. Ante estas noticias
el Consejo Supremo enviÛ a Aubrey al encuentro con las tropas espaÒolas
que ya se disponÌan a remontar el MisisipÌ. Cuando se encontraron los
dos contingentes Aubrey se puso a las ordenes y a disposiciÛn del general
O'Reilly. …ste destituyÛ al Consejo Supremo, detuvo a 9 cabecillas y ejecutÛ
a 5. De esta forma terminÛ una asonada que habÌa durado un mes
[5] . La nueva gobernaciÛn de L Unzaga tuvo como objetivos primordiales
pacificar y controlar el territorio. Para ello Unzaga fusionÛ las tropas
espaÒolas y francesas en un solo ejÈrcito comandado por el general O'Reilly,
creando una fuerza de 5000 soldados. Igualmente hizo con el conjunto de
la sociedad: compaÒÌas comerciales, gremios y agrupaciones artesanales...,
y un ˙nico estamento funcionarial. Esta fue una etapa que durÛ unos 10
aÒos. Se puede afirmar que para 1776 la colonia estaba pacificada. Conseguida
esta situaciÛn, L. Unzaga cediÛ la gobernaciÛn al general Bernardo G·lvez.
Durante toda esta etapa Francia habÌa conseguido importantes objetivos:
deshacerse de la financiaciÛn directa de un territorio que en 1762 le
costaba 800.000 libras y pas·rselo a EspaÒa, con lo que debilitaba a la
MonarquÌa CatÛlica con esa fuerte carga; y evitar el avance brit·nico.
Asimismo, Francia seguÌa controlando la Luisiana a travÈs de sus compaÒÌas
y comerciantes [6] .
La gobernaciÛn de JosÈ Bernardo G·lvez fue solo de seis
aÒos, pero, en mi opiniÛn, los m·s decisivos. A la llegada de J. B. G·lvez
el control espaÒol de la Luisiana era, pese a los esfuerzos de Unzaga,
m·s nominal que real. No habÌa gentes suficientes para colonizar el territorio
y el valle del MisisipÌ estaba controlado por los ingleses que, prudentemente,
no habÌan intervenido en la Luisiana para evitar la reacciÛn militar de
EspaÒa desde sus colonias de MÈjico y del Caribe. Adem·s, ya en la dÈcada
de 1770 los brit·nicos estaban afrontando la revuelta independentista
en sus propias colonias.
En 1765 en la Luisiana habÌa 11.000 habitantes, casi la
mitad eran esclavos negros, espaÒoles unos 2.500 y franceses y acadianos
unos 5000. Hasta la llegada de B. G·lvez EspaÒa no habÌa tenido una polÌtica
colonial y de inmigraciÛn clara respecto a la Luisiana. En 1776 el coronel
Bouligny elaborÛ una memoria sobre la colonizaciÛn del territorio. La
memoria Bouligny planteaba un futuro escenario donde EspaÒa desaparecerÌa
de la AmÈrica septentrional: un territorio enorme con muy poca poblaciÛn
leal a EspaÒa, y con las colonias anglosajonas con una poblaciÛn muy superior
y en continuo crecimiento. …sas gentes pronto llegarÌan al MisisipÌ, lo
traspasarÌan y colonizarÌan todo el continente hasta el pacÌfico. En esta
situaciÛn, los anglosajones solo tendrÌan que ir expulsando a los indios
o pactando con ellos [7] . Desde la corte espaÒola el Conde de Aranda resumÌa profÈticamente
la situaciÛn: "(...) EspaÒa va a quedar mano a mano con otra potencia
sola en todo lo que es tierra firme de la AmÈrica septentrional. øy quÈ
potencia?. Una estable y territorial que ya ha invocado el nombre patricio
de AmÈrica, con dos millones y medio de habitantes, descendientes de europeos,
que seg˙n las reglas que toman para su propagaciÛn duplicar· sus habitantes
cada 25 Û 30 aÒos, y en 50 Û 60 puede llegar a ocho o diez millones de
ellos, mayormente que de Europa misma continuar· la emigraciÛn por el
atractivo que ofrecen las leyes de aquel territorio (...)" [8] .
En 1777 Bernardo G·lvez entrÛ en la GobernaciÛn con el soporte
del Conde de Aranda y con un objetivo, la colonizaciÛn. La Memoria Bouligny
fue el arranque de su gobernaciÛn en la Luisiana: una colonizaciÛn basada
en tres pilares: 1) polÌticas de incremento demogr·fico, 2) fomento del
comercio, 3) control territorial con la creaciÛn de una frontera estable.
G·lvez introdujo esclavos, trajo colonos desde EspaÒa (principalmente
de Canarias) que fundaron variedad de pueblos y extendieron la agricultura
de tipo gran propiedad. Conectado con esto, abriÛ caminos y emplazamientos
para facilitar el transporte y comercializaciÛn de los productos, al tiempo
que abrÌa el territorio a compaÒÌas mercantiles. Todo ello facilitaba
la consecuciÛn del tercer punto, el control territorial, aunque para ello
era necesario construir una frontera estable y fija. Este proyecto colonizador
de B. G·lvez iba a encontrar un inesperado soporte a travÈs de la situaciÛn
internacional.
Por el tercer Pacto de Familia (1779) EspaÒa entraba en
guerra con Gran BretaÒa, lo cual fue aprovechado por B. G·lvez para intensificar
los lazos entre espaÒoles y franceses, al tiempo que establecÌa contacto
con los revolucionarios angloamericanos con el fin de concertar acciones
militares contra las posiciones inglesas. En este sentido, el encargado
de negocios Juan Miralles se dirigiÛ al gobierno americano en carta del
17 de febrero de 1779, pidiendo que se atacaran las posiciones inglesas
de Georgia y las Carolinas, mientras que, desde la Luisiana y desde Cuba,
EspaÒa atacarÌa las guarniciones inglesas en el valle del MisisipÌ y las
Floridas [9] .
La determinaciÛn espaÒola en llevar a cabo un ataque a gran
escala contra los ingleses chocÛ con la indecisiÛn del general G. Washington,
que retardaba su respuesta a Juan Miralles. Entre tanto, B. G·lvez ya
estaba preparando acciones contra la lÌnea de fuertes ingleses en la frontera:
Baton Rouge, Natchez, Penzacola, Movila..., y la Florida, en cuanto los
rebeldes anglosajones aceptasen corresponder atacando en las Carolinas
y Georgia. Para realizar esas operaciones con Èxito, G·lvez enviÛ al capit·n
Jacinto PamÌs a espiar las posiciones inglesas. PamÌs remitiÛ informe
detallando en donde aseguraba que para tales operaciones serÌa necesaria
una fuerza de 7.000 hombres. B. G·lvez comunicÛ de inmediato sus necesidades
militares al gobierno de la Habana el cual rechazÛ sus planes de una campaÒa
a gran escala, m·s a˙n cuando la ayuda de los rebeldes ingleses todavÌa
no estaba asegurada. Pese a esta negativa, G·lvez no renunciÛ a su plan
y reuniÛ 700 soldados con los cuales atacÛ toda la frontera con rotundo
Èxito entre septiembre de 1779 y mayo de 1781: conquistÛ el valle del
MisisipÌ con los puestos ingleses mencionados, capturÛ 8 buques e hizo
1.400 prisioneros entre soldados y colonos ingleses [10] . Estos Èxitos militares inclinaron a G. Washington
a reconocer los beneficios de compaginar operaciones militares hispano-americanas.
En Carta fechada en Carolina del Sur a 27 de febrero de 1780 Washington
respondÌa que "(...) si caen los puestos restantes [de la Florida] ser·
un golpe muy importante teniendo gran influencia sobre los asuntos de
nuestra zona (...)" [11] .
Estas acciones tambiÈn provocaron cambios de actitud en el gobierno de
la Habana: un aÒo despuÈs de la contestaciÛn de G. Washington, en 1781
el gobierno de la Habana remitiÛ a B. G·lvez los 7000 soldados pedidos.
Durante estos tres aÒos (febrero 1779-marzo 1781) la presiÛn militar de
Gl·vez contra los ingleses continuÛ con Èxito: se hizo con el control
de las Floridas y extendiÛ su dominio sobre el MisisipÌ hasta la desembocadura,
incluyendo el canal de Bahamas y Cabo CaÒaveral. Estas acciones permitieron
a los rebeldes anglosajones llevar sus campaÒas militares con Èxito a
Gerorgia y las Carolinas [12]
. Llegados a este punto, sin embargo, a partir de mediados de 1781
las circunstancias polÌticas iban a dar un radical viraje.
En el aÒo 1781 EspaÒa comenzaba a obtener importantes rÈditos
de la colaboraciÛn con los rebeldes anglosajones en el marco de la guerra
internacional, situaciÛn que Gran BretaÒa vio claramente tras sus derrotas
en Georgia y las Carolinas, en el MisisipÌ y las Floridas. Por ello, el
gobierno inglÈs se apresurÛ a entrar en negociaciones con los rebeldes
para evitar el derrumbe colonial brit·nico. Para retornar a la AmÈrica
septentrional Gran BretaÒa pretendÌa construir el siguiente escenario:
en la costa atl·ntica habrÌa un gobierno anglosajÛn independiente pero
dÈbil (con frontera con Gran BretaÒa al norte, el mar Atl·ntico al este,
y EspaÒa al oeste y al sur y con sus con colonias del Caribe). Este nuevo
gobierno, enclaustrado y m·s dÈbil que EspaÒa, si quisiera transportar
sus mercancÌas y comerciar tendrÌa que negociar con alguna de las dos
potencias, la brit·nica o la espaÒola. Asimismo, el gobierno brit·nico
entendÌa que las monarquÌas europeas (especialmente EspaÒa) serÌan reticentes
a entablar negocios con los revolucionarios, temerosas de que el ejemplo
revolucionario cundiese por toda AmÈrica. Por esto, si la rep˙blica americana
no querÌa ser absorbida por EspaÒa o permanecer enclaustrada en la costa,
no tendrÌa m·s remedio que entablar un acuerdo global con Gran BretaÒa.
…sta actuarÌa como puente comercial y polÌtico de la rep˙blica americana
hacia Europa y le ofrecerÌa su protecciÛn contra EspaÒa. Todo esto crearÌa
nuevos lazos entre la metrÛpoli y sus antiguas colonias. Adem·s, aquella
variopinta confederaciÛn, sin un gobierno central fuerte, se desharÌa
una vez acabada la guerra. Rota la ConfederaciÛn las colonias m·s dÈbiles
retornarÌan o buscarÌan la protecciÛn de Gran BretaÒa. Frente a las resistentes,
Gran BretaÒa podrÌa utilizar la fuerza.
De tal modo, el 24 de septiembre de 1782 Gran BretaÒa llegÛ
a un acuerdo de paz y reconocimiento de los Estados Unidos. Estos acuerdos
fueron ratificados con el tratado de ParÌs de 3 de septiembre de 1783.
El artÌculo 2 de este acuerdo fijaba los lÌmites del nuevo estado en la
mitad del rÌo MisisipÌ desde sus fuentes hasta la latitud 31, y en medio
del rÌo Apalachicola hasta la conjunciÛn el rÌo Flint, y del rÌo Mary
hasta el Atl·ntico. El artÌculo 8 reconocÌa la libre navegaciÛn y comercio
en el MisisipÌ para todos los ciudadanos de los Estados Unidos y Gran
BretaÒa [13] . Con estos
artÌculos Gran BretaÒa ponÌa las bases para un enfrentamiento entre los
Estados Unidos y EspaÒa.
Entre tanto, en el gobierno espaÒol las negociaciones de
paz entre anglosajones provocaba desacuerdos e incoherencias Por un lado,
el Conde de Aranda y el gobernador B. G·lvez analizaban la situaciÛn de
forma muy diferente a la del gobierno brit·nico. VeÌan la fuerza que iba
a tener la nueva naciente rep˙blica, y opinaban que EspaÒa debÌa entablar
negociaciones con los revolucionarios anglosajones antes que con Gran
BretaÒa, dado que eran ellos los que realmente controlaban buena parte
del antiguo territorio colonial brit·nico. Sin Embargo, Floridablanca
querÌa un acuerdo general de paz con Gran BretaÒa. EntendÌa que negociar
con los revolucionarios era reconocerles, y el ejemplo podÌa contagiarse
a toda la AmÈrica espaÒola. Era mejor ignorarles y extender los territorios
de EspaÒa desde la Florida hacia el noroeste a costa de la ConfederaciÛn.
Este enfrentamiento entre Aranda y Floridablanca pareciÛ
inclinarse, en un primer momento, en favor del primero Mientras Gran BretaÒa
negociaba con la ConfederaciÛn, el Conde Aranda entrÛ en negociaciones
con el agente del Congreso Continental John Jay. El 3 de agosto de 1782
Aranda-Jay pactaron el reconocimiento de las fronteras establecidas en
la declaraciÛn inglesa de 1763 y la exclusividad de la navegaciÛn espaÒola
por el MisisipÌ. TambiÈn, Aranda consideraba que sÛlo con la guerra era
posible entablar una alianza entre EspaÒa y la ConfederaciÛn m·s all·
de la simple colaboraciÛn puntual, por lo que este pacto apostaba por
la continuaciÛn de la guerra hasta expulsar a Gran BretaÒa de la AmÈrica
del Norte. Las negociaciones Aranda-Jay alcanzaron otros aspectos como
la financiaciÛn al Congreso Continental con subsidios [14] . Pese a todo, al tiempo de estas conversaciones
y pactos, Floridablanca tambiÈn se moviÛ para boicotear tales negociaciones
y conseguir que la corte cambiase de opiniÛn respecto a las trece colonias.
En este sentido se encamina la instrucciÛn Floridablanca de 29 de mayo
de 1782. Dirigida al Conde de Aranda, dicha instrucciÛn remarca la conveniencia
de llegar a un acuerdo negociado con Gran BretaÒa sobre reparto territorial
sin contar con la confederaciÛn: reconocimiento de los limites de EspaÒa
entre el sistema Apalaches-Alleghanys a la lÌnea del sistema Misouri-MisisipÌ,
y desde las Floridas hasta las colonias inglesas del Canad· (es decir
todo el middle ground:: el oeste de Georgia y de las Carolinas,
el Kentucky y el Tennesse, y los territorios regados por el Illinois y
el Ohio) [15] . Floridablanca logrÛ imponer
estos criterios a la Corte por lo que el Conde de Aranda optÛ por retirarse
del proceso negociador.
Este enfrentamiento en el seno del gobierno espaÒol restÛ
fuerza negociadora a la comisiÛn espaÒola, con lo que Gran BretaÒa pudo
mostrar arrogancia y desdÈn hacia EspaÒa apart·ndola de la negociaciÛn
hasta haber logrado, primero, un acuerdo de paz con la ConfederaciÛn y
con Francia. Tras el acuerdo de septiembre de 1782 con la ConfederaciÛn,
Gran BretaÒapacto con Francia y despuÈs abriÛ negociaciones con
el gobierno espaÒol. EspaÒa y Gran BretaÒa llegaron a un acuerdo el 3
de diciembre de 1782. Dicho acuerdo fue un claro reflejo de las tesis
de Floridablanca. La comisiÛn espaÒola consiguiÛ que no se fijasen lÌmites
territoriales (ni se mencionÛ la cuestiÛn de las fronteras de la Luisiana,
ni los lÌmites de las Floridas, ni la cuestiÛn de la navegaciÛn y comercio
por el MisisipÌ....). Solo se citÛ de forma muy genÈrica la posesiÛn de
territorios: "(...) Su Majestad Brit·nica ceder· a su Majestad CatÛlica
la Florida oriental, y su Majestad CatÛlica conservar· la Florida Occidental
(...)" [16] . Finalmente, el 3 y el 4 de septiembre de
1783 Gran BretaÒa firmaba los tratados de ParÌs y Versalles que ajustaban
la paz seg˙n las condiciones negociadas entre los contendientes el aÒo
anterior. La paz entre EspaÒa y Gran BretaÒa de 1782-1783 supuso el triunfo
polÌtico Floridablanca, el cual puso como gobernador de la Luisiana a
Esteban MirÛ (1783-1791).
Pese a toda esta situaciÛn interna espaÒola e internacional,
tanto G·lvez como su sustituto MirÛ continuaron con los proyectos colonizadores
como ˙nica soluciÛn para la conservaciÛn de la Luisiana. De tal forma,
la polÌtica llevada por el gobierno de la Luisiana se mantuvo sin muchas
variaciones. G·lvez se propuso asentar en el territorio a 6000 colonos
(canarios, andaluces, filipinos, irlandeses, alemanes catÛlicos y acadianos),
proyecto continuado por MirÛ. El problema era que asentar a 6000 colonos
costarÌa 2 millones de pesos y la Real Hacienda no estaba en condiciones
de remitir socorros por tal montante [17] . Pese a todo, entre 1768 y
1791 se fundaron muy diversas colonias, siendo las mas importantes: Concordia
(1768), San Bernardo (1678), G·lveztown (1778), Nueva Iberia (1779), Valenzuela
(1779), MirÛ (1782), Carlos Salia (1781), San Esteban (1789), A todos
estos puestos hay que aÒadir otros como Natchez, Penzacola, Movile, Baton
Rouge... De tal forma, pese a las ambig¸edades de la Corte de Madrid
hacia la Luisiana y la falta de socorros financieros y militares, para
1790 Esteban MirÛ casi habÌa hecho realidad el proyecto colonizador de
B. G·lvez: La Luisiana pasaba de los 35.000 habitantes, y se habÌa creado
una frontera estable y fuerte compuesta por poblados guarniciones militares
a lo largo del MisisipÌ y en las diversas intersecciones de sus afluentes
(Ohio, Amiti, Bayu Tache, Lafourche, TombecbÈ, Ouachita...). Con esta
situaciÛn colonial y la paz entre Gran BretaÒa, Estado Unidos y EspaÒa,
a partir de 1783 se abriÛ una nueva situaciÛn marcada por unas relaciones
entre Estados Unidos y EspaÒa las cuales evolucionaron de la afinidad
(en la pasada guerra) al enfrentamiento. La zona en la que se desarrollaron
estas relaciones fue una vastedad geogr·fica denominada middle ground
o comarcas medias: los territorios del Illinois, del Ohio y de Michgan,
el Tennesse y el Kentucky, m·s los territorios indios (de los Cherokee,
Chickasaw, Creek). Sobre estos territorios centrales recayeron los expansionismos
espaÒol y confederado, vici·ndose las relaciones entre EspaÒa y la joven
rep˙blica. Solo el Kentucky y el Tennesse juntos tenÌan cerca de 100.000
habitantes.
2. ESPA—A Y LA CONFEDERACI”N DE LOS ESTADOS UNIDOS
ENTRE 1782 Y 1787.
El entrar en posesiÛn de la Luisiana, EspaÒa no tenÌa capacidad
militar para controlar al mismo tiempo el MisisipÌ, la extensa costa americana,
los litorales del Caribe y la navegaciÛn atl·ntica, por lo que los gobiernos
de la Luisiana y la Habana (tras el breve perÌodo de prohibiciones de
Ulloa) permitieron a las colonias brit·nicas proveerse de productos extranjeros
a travÈs de las fronteras territoriales y marÌtimas espaÒolas. AsÌ mismo,
los colonos del middle ground sacabansus productos a travÈs
del MisisipÌ y los introducÌan en la Luisiana, Nueva EspaÒa y en el Caribe.
Esta situaciÛn enseguida fue "legalizada" con real orden de 1767 que permitÌa
cierta libertad de comercio, aunque solo para casos en que las colonias
espaÒolas quedasen desabastecidas. La real orden de 1767 fue utilizada
para favorecer m·s el comercio, intensific·ndose el tr·nsito de mercancÌas
(cafÈ, ron, az˙car, harina, manteca, carne de vaca y cerdo, brea, alquitr·n,
cueros...). Igualmente, la guerra tampoco supuso un gran obst·culo para
comercio. SÛlo hacia el final de la guerra, en 1782-1783, Gran BretaÒa
optÛ por el bloqueo comercial justo en el momento en que estaba negociando
con los rebeldes. Esto hizo que el MisisipÌ incrementase su importancia
e interÈs para los Estados Unidos y, en las negociaciones de paz de 1782,
la ConfederaciÛn exigiÛ al gobierno Brit·nico la libertad de comercio
y navegaciÛn por dicho rÌo. …ste accediÛ a tal concesiÛn sobre una zona
y un rÌo que no controlaba, poniendo las bases para un conflicto entre
EspaÒa y los Estados Unidos.
El ardid brit·nico surtiÛ buenos efectos y tras la guerra,
el Congreso Continental insistiÛ en negociar con EspaÒa un acuerdo general
sobre fronteras y comercio por el MisisipÌ sobre la base del tratado de
paz brit·nico-norteamericano de 1783: El Congreso exigÌa la libertad total
de comercio, y el reconocimiento de las fronteras en medio del MisisipÌ
y en el paralelo 31. Por su parte el gobernador E. MirÛ ofrecÌa la libertad
limitada de comercio seg˙n el real decreto de 1767 y tal como se venÌa
haciendo hasta el bloqueo brit·nico y, adem·s, aprovechÛ para pedir al
Congreso la represiÛn y persecuciÛn de los contrabandistas angloamericanos.
Con estas posiciones tan distantes, fracasaron las primeras negociaciones
entre EspaÒa y la rep˙blica americana para estabilizar y ordenar el territorio,
asÌ como para confirmar la buena avenencia entre los dos estados. Para
Floridablanca este fracaso negociador era parte esencial de su proyecto
de anexiÛn territorial, dada la situaciÛn de dependencia y debilidad de
los Estados Unidos. La ConfederaciÛn importaba de EspaÒa mucho m·s de
lo que exportaba a las colonias espaÒolas. El negocio para EspaÒa era
muy bueno. EspaÒa estaba en una situaciÛn en la que se podÌa convertir
en el principal proveedor de la nueva rep˙blica, dependencia que, tras
una previsible disoluciÛn de la ConfederaciÛn, hiciese que los estados
americanos se inclinasen por EspaÒa. Floridablanca tenÌa buenas razones
para mantener esta lÌnea en el gobierno espaÒol
[18] :
| |
1785
|
1800
|
|
|
Exportaciones de
la ConfederaciÛn a las colonias espaÒolas
|
390.000
|
8.440.000
|
DÛlares
|
|
Importaciones de
la ConfederaciÛn de las colonias espaÒolas
|
1.740.000
|
12.800.000
|
DÛlares
|
Dentro de la ConfederaciÛn, durante la guerra las divisiones entre
bloques quedaron silenciadas pero, ya, sin la guerra, las divisiones
resurgieron hasta el punto de poner en peligro la existencia de los
Estados Unidos. Cuatro eran los bloques: los estados/territorios del
noreste (Nueva Inglaterra) con N. Hampshire, Massachusets, Connecticut,
Rhode Island; los estados/territorios del centro, con N. York, N. Jersey,
Pensilvania, Delawere; los estados/territorios del sur, con Maryland,
Virginia, Carolina del Norte, Carolina del Sur, Georgia; y los territorios
del middle ground, con Kentucky, Tennesse, Ohio, Illinois, Michigan.
Los estados/territorios del noreste y del centro tenÌan
su fuerza demogr·fica y econÛmica en las zonas urbanas, mientras que fuerza
polÌtica eran los common people o clase media de comerciantes,
artesanos y agricultores. TambiÈn tenÌan grandes terratenientes, pero
todos compartÌan los valores de la propiedad, el trabajo, el comercio,
el enriquecimiento continuo y el ascenso social. BebÌan de las ideas de
la revoluciÛn inglesa de 1688 y de las doctrinas de Locke. Su punto de
referencia era Europa y el comercio Atl·ntico. Sus representantes en el
Congreso eran conocidos como los comercial cosmopolitan. Su modelo
era una uniÛn de estados federados dirigida por un gobierno central fuerte
que coordinase una acciÛn comercial expansiva, sin fronteras sin prohibiciones
y sin lÌmites, y que fuese el ˙nico interlocutor con Europa. Adem·s, esta
esta una zona cerealÌstica de primer orden, era llamada el "granero de
AmÈrica". Por otro lado, estos estados concentraban a la mayor parte de
la poblaciÛn, 1.0302.000 hab., pese a que eran los estados territorialmente
m·s pequeÒos, siendo, igualmente, los que m·s contribuÌan a la caja confederal.
Nueva Inglaterra tenÌa 670.000 hab. (N. Hampshire con 80.000, Massachusets
con 339.000, Connecticut con 193.000, Rhode Island con 58.000); y los
estados del centro tenÌan 632.000 hab. (N. York con 195.000, N. Jersey
con 130.000, Pensilvania con 270.000, Delawere con 37.000)
[19] . Los representantes de estos estados dominaban el Congreso Continental
e imponÌan una representaciÛn en dicha c·mara seg˙n el n˙mero de habitantes
y el volumen de aportaciones a la caja confederal. Consecuentemente, tras
la guerra estos estados eran los que m·s se habÌan democratizado, y la
elite propietaria e ilustrada que habÌa proclamado la independencia estaba
cediendo puestos polÌticos a los common people. Entre 1776 y 1787
en el Congreso se duplicÛ el n˙mero de los common people procedentes
de estos estados: los agricultores medios y pequeÒos pasaron del 23 al
55%, asimismo, los diputados con ingresos medios (entre 500 a 2.000 libras)
pasaron del 17 al 62% [20] .
Frente a estos estados estaba el sur, que eran ˙nicamente
cinco grandes estados/territorios dedicados al monocultivo extensivo de
plantaciÛn (tabaco, arroz, algodÛn, cafÈ...) de cara al mercado europeo.
Su modelo comercial era el de mercantilismo de tipo europeo de monopolio
comercial. Predominaba el gran propietario patricio combinado con pequeÒos
propietarios endeudados que producÌan para el mercado local, los conocidos
como los agrarian locals. …stos controlaban la polÌtica y las instituciones
locales, mientras que en el Congreso eran los terratenientes los que copaban
la mayorÌa de los escaÒos del sur. Con un gobierno central fuerte, los
pequeÒos propietarios perderÌan la capacidad de autogobierno y control
polÌtico y econÛmico local en favor de los grandes terratenientes, lo
que significarÌa la ruptura del statu quo social y el choque dentro
de los propios estados del sur. Por eso, ni unos ni otros querÌan un gobierno
central que restringiese la libertad e independencia de los estados. Pese
a todo, en el Congreso los diputados latifundistas del sur tambiÈn iban
cediendo sitio a los pequeÒos y medianos propietarios, aunque en menor
medida que en los estados del noreste y del centro: entre 1776 y 1787
los diputados agricultores medios y pequeÒos pasaron del 12 al 26%, y
los diputados con ingresos medios pasaron del 12 al 30%
[21] .
Frente a estos dos bloques estaban los territorios del medio-oeste
o middle ground, en buena parte dependientes o integrados en los
estados del sur. Aspiraban a la independencia y a convertirse en estados.
EntendÌan que ellos no eran europeos, que eran diferentes y nada tenÌan
que ver con Europa, eran americanos. Su camino de desarrollo y expansiÛn
no estaba en Europa, sino que debÌa ser continental y hacia el oeste,
y el ·rea de relaciones tenÌa que ser el resto de AmÈrica (especialmente
Luisiana y MÈjico). Por ello, el eje socioeconÛmico y polÌtico que debÌa
vertebrar la confederaciÛn era el MisisipÌ (como principal vial continental)
y sus afluentes (Missouri, Illinois, Ohio...).
Esta situaciÛn de bloques habÌa llevado al enfrentamiento
personal dentro del propio grupo fundacional de los Estados Unidos, entre
federalistas y antifederalistas. Un conflicto retratado en el enfrentamiento
entre Franklin (era de Boston, Massachusetts, e hijo de un modesto fabricante
de velas) y Jefferson (era de Shadwell, Virginia, e hijo de un patricio
plantador). Los Articles of Confederation de 2 de julio de 1776
supusieron una victoria de los estados del sur, dado que declaraban que
las colonias eran estados libres e independientes (tanto respecto a Gran
BretaÒa como entre ellos), y que los cambios en el articulado solo se
podrÌan hacer por unanimidad. El Congreso Continental solo tenÌa funciones
como arbitro entre los estados, sobre la declaraciÛn de la paz y la guerra,
la organizaciÛn y direcciÛn del ejÈrcito, la emisiÛn de moneda, y la determinaciÛn
de la contribuciÛn de cada estado a la caja confederal. Acabada la guerra,
los estados redujeron sus contribuciones a la caja confederal a los mÌnimos
necesarios para cubrir los gastos del Congreso Continental. Por lo tanto,
los Estados Unidos no podÌan hacer frente a los pagos de los prÈstamos
y sus intereses hechos por paÌses como Francia, EspaÒa y la banca holandesa.
Por ejemplo, a Francia se le debÌan 8 millones de dÛlares y a EspaÒa 397.230
pesos fuertes solo en la ayuda oficial (a lo que habÌa que sumar ayuda
en especie como armas, municiÛn, abastos...)
[22] .
En estas circunstancias de bancarrota, el EjÈrcito Continental
fue disuelto, y el Congreso realizÛ confiscaciones generales de propiedades
a todos aquellos que debÌan caudales a las administraciones p˙blicas o
privadas y no las estaban abonando. Esto tuvo como consecuencia el surgimiento
de un amplio movimiento de deudores (comerciales y agrarios) al cual se
incorporaron multitud de soldados y oficiales del disuelto EjÈrcito Continental.
Para 1785 el movimiento se habÌa extendido incluso por los estados del
noreste. Por ejemplo, en septiembre de ese aÒo 500 agricultores de Massachusetts
dirigidos por el antiguo oficial del ejÈrcito D. Shays, se enfrentaron
y derrotaron a la milicia de Massachusets. Para 1787 los sublevados de
Shays eran ya 1.200 hombres
[23] . Con este movimiento insurreccional, tambiÈn en el noreste se
extendiÛ la oposiciÛn a un gobierno central, todo lo cual reforzaba las
posiciones polÌticas de los estados del sur. Incluso los partidarios de
una federaciÛn con un gobierno central fuerte estaban divididos entre:
por un lado, los que querÌan un gobierno dependiente del Congreso y con
un presidente elegido por dicha c·mara. Por otro lado, estaban aquellos
que querÌan un gobierno fuerte independiente del Congreso y con un presidente
con pleno poder ejecutivo y elegido por sufragio directo de los electores.
En esta situaciÛn la ConfederaciÛn estaba apunto de desaparecer y desde
el campo federalista surgieron intentos de golpe de Estado, como el New
Burgh, entre diciembre de 1782 a marzo de 1783
[24] . Al mismo tiempo, los federalistas realizaron intensas campaÒas
poniendo de manifiesto el existente desorden polÌtico, social y econÛmico,
consecuencia de la falta de un centro polÌtico fuerte. Avisaban del desastre
que supondrÌa la disoluciÛn de la confederaciÛn, e insistÌan en que una
rep˙blica comercial nunca podrÌa levantarse sin un gobierno central fuerte.
Algunos de los m·s destacados propagandistas eran A. Hamilton, J. Madison,
J. Jay, que publicaban artÌculos en favor de constituir una federaciÛn.
En 1788, al tiempo de las discusiones y debates en el Congreso Continental
sobre el cambio del sistema polÌtico, estos artÌculos (51) se reunieron
y fueron publicados bajo el tÌtulo The federalism: a collection of
essays written in favour of the new constitution. Con todo este ambiente
el 13 de septiembre de 1788 se aprobÛ la constituciÛn federal. AsÌ, pareciÛ
que los estados del sur y los antifederalistas parecÌan hubiesen quedado
fuera del nuevo sistema. La UniÛn estaba al borde de la ruptura [25] . Para evitar la ruptura de la UniÛn, el nuevo
Congreso hizo suyas algunas de las reivindicaciones de los estado del
sur y de las convenciones del middle ground: extensiÛn al oeste,
dar prioridad al comercio por el golfo de MÈjico, Caribe y resto de AmÈrica,
y garantizar los mercados europeos en lo tocante a los productos de monocultivo.
Por consiguiente, Floridablanca no andaba muy desencaminado sobre la crÌtica
situaciÛn de los Estados Unidos, y su proyecto para la AmÈrica septentrional
triunfaba en la Corte de Madrid. Pero el Conde de Aranda todavÌa tenÌa
una ultima posibilidad de imponer un cambio de rumbo en tal polÌtica.
El gobierno efectivo de la Luisiana estaba en manos del gobernador E.
MirÛ que, contrariamente a lo que Floridablanca esperaba, habÌa dado claros
pasos de continuidad con la polÌtica de su antecesor B. G·lvez. AsÌ, Aranda
y MirÛ formaron un t·ndem que llevÛ los asuntos de la AmÈrica septentrional
en una direcciÛn contraria a la de Floridablanca. Para ello Aranda y MirÛ
utilizaron a Diego de Gardoqui como intermediario entre la Corte de EspaÒa,
el gobierno de la Luisiana y el Congreso Continental. Con Real Orden de
26 junio de 1784, el Conde Aranda remitiÛ a E. MirÛ instrucciones precisas
para negociar un arreglo con los Estados Unidos sobre lÌmites y navegaciÛn
por el MisisipÌ. Los encargados de negocios D. Gardoqui y Francisco RendÛn
fueron los enviados para negociar con la ConfederaciÛn. La propuesta espaÒola
giraba sobre 3 puntos [26] : 1) Reconocimiento por parte de los Estados Unidos del derecho
exclusivo de EspaÒa sobre la navegaciÛn y comercio por el MisisipÌ. A
cambio se darÌa a los Estados Unidos privilegios de navegaciÛn y comercio
por Caribe y Golfo de MÈjico y rutas Atl·nticas, consider·ndoles como
naciÛn m·s favorecida. 2) Arreglo sobre los lÌmites y fronteras en base
al control espaÒol sobre el MisisipÌ y los lÌmites de las Floridas en
el paralelo 32. 3) Establecer un acuerdo global de cooperaciÛn y amistad
entre las dos naciones, en base a la concesiÛn por ambas partes de licencias
comerciales y alianza militar frente a las colonias brit·nicas del norte.
A parte de estos tres puntos, la instrucciÛn del Conde de Aranda encomendaba
al gobernador reforzar las defensas en los valles del MisisipÌ y en la
Florida, asÌ como entablar una alianza con las naciones indias formando
un estado barrera este-oeste y norte-sur.
Como vemos, el Conde de Aranda apostaba por una ConfederaciÛn
controlada por los estados del noreste Atl·ntico, de ahÌ las concesiones
sobre privilegios de navegaciÛn y comercio Atl·ntico. Esto debÌa facilitar
la cesiÛn norteamericana en la cuestiÛn del MisisipÌ y los lÌmites de
la Florida. De hecho, la delegaciÛn norteamericana estaba formada por
Adams, Franklin (ambos de Massachusetts), m·s J. Jay y A. Lee en EspaÒa [27] . Pese a todo, la propuesta Aranda no dejaba de lado a los
estados del sur y del middle ground, dado que insertaba la cuestiÛn
de los privilegios comerciales norteamericanos sobre el Caribe y Golfo
de MÈjico. Igualmente, Aranda acepaba la exigencia norteamericana de que
mientras duraran las conversaciones no se realizasen confiscaciones en
el MisisipÌ [28] .
Para septiembre de 1784 la delegaciÛn norteamericana accediÛ
a la Propuesta Aranda, lo cual hizo reaccionar a los antifederalistas
que incorporaron a la delegaciÛn a Jefferson. La consecuencia fue el endurecimiento
de la postura norteamericana, rechazando todo lo que no fuese la libre
navegaciÛn por el MisisipÌ. AsÌ, esta era la segunda vez que las negociaciones
hispanonorteamericanas se estancaban. El propio G. Washington tuvo que
intervenir en su propia delegaciÛn para romper el atasco. En carta interceptada
por Gardoqui, Washington exponÌa a su delegaciÛn que la cuestiÛn de la
libre navegaciÛn por el MisisipÌ era aplazable: "(...) cuando aquel paÌs
llegue a poblase y extenderse al oeste (...) no habr· poder que se lo
pueda impedir (...)" [29] . Asimismo habÌa otras razones que aconsejaban ceder para no
volver a malograr un acuerdo global: los ya comentados problemas de la
debilidad interna de la ConfederaciÛn, las deudas con EspaÒa, y la amenaza
militar brit·nica. En estas circunstancias, el Congreso en sesiÛn del
29 de agosto de 1786 acordÛ aceptar las propuestas espaÒolas por siete
votos contra cinco, exigua mayorÌa de los estados del noreste y centrales,
que sacrificaban la cuestiÛn del MisisipÌ (por un perÌodo de 20 a 30 aÒos)
y la extensiÛn al oeste por las facilidades de navegaciÛn y comercio por
el Caribe-Golfo de MÈjico y Atl·ntico. Por lo tanto, los territorios del
middle ground perdieron la posibilidad de ser reconocidos como
estados a corto.
Los acuerdos se confirmaron en el tratado del 1 de septiembre
de 1786. Eran 16 artÌculos
[30] en los que se establecÌa como frontera el sistema Missouri-MisisipÌ,
y el Apalachicola-flint-Santa MarÌa hasta el mar; se reconocÌa como territorio
de las naciones indias desde la Florida al Kentucky, con la Georgia y
las Carolinas al este. Por lo tanto, quedaba en el centro-norte un vasto
territorio formado por el Kentucky, el Tennesse y los territorios del
Illinois, del Ohio y de Michigan, que no eran oficialmente reconocidos
como propios por ninguna de las partes, dejado la cuestiÛn abierta a la
disputa. Aunque bien es verdad que Virginia estaban organizando buena
parte de esos territorios que, al tiempo, intentaban segregarse y convertirse
en Estados.
Pese al acuerdo de 1786, Francisco RendÛn informaba al
gobernador MirÛ y al Consejo de Indias (dirigido B. G·lvez) que Estados
Unidos seguÌa considerando como frontera el paralelo 31 seg˙n su tratado
de ParÌs, y la libertad de navegaciÛn por el MisisipÌ. Por ejemplo, en
su carta de 12 de octubre de 1784 al Consejo de Indias, RendÛn avisaba
que "(...) es necesario que aquellos habitantes [del medio-oeste] tengan
un canal para extraerlos [sus productos] (...) dho comercio debe hacerse
con los espaÒoles o con los ingleses (...)", porque los Estados Unidos
estaba muy lejos "(...) si lo entablan con la EspaÒa (...) se aprovechar·
[la EspaÒa] (...) de comercio tan lucrativo y de ganar y establecer para
siempre la amistad y buena armonÌa (...)"con tales territorios" [31] . Por su parte, el coronel
Bouligny tambiÈn remitÌa informes a EspaÒa en este mismo sentido, como
el del 4 de agosto de 1785: "(...) este Pais [Ohio] lo miran los Americanos
como la clave y verdadero centro de su dominaciÛn (...)", no creyendo
que "(...) jam·s la AmÈrica consienta en desistir de esta pretensiÛn [controlarlos]
y mucho menos aun de la NavegaciÛn del Rio [MisisipÌ] (...)" [32] . Es en este punto donde surgiÛ
la idea de constituir estados tapÛn o barrera tanto contra el poder brit·nico
como contra la ConfederaciÛn.
3.LA LUISIANA Y LAS NACIONES INDIAS
Los territorios del middle ground se desarrollaban
r·pidamente y la presiÛn sobre la frontera espaÒola era enorme. TambiÈn
las naciones indias se veÌan cada vez m·s desplazadas. Los Cherokis eran
expulsados hacia el noroeste, entre el MisisipÌ y el Kentucky. El territorio
de los Creeck estaba apunto de ser absorbido por Virginia y los reciÈn
creados estados de Carolina del Sur, Georgia y Carolina del Norte, y eran
empujados hacia las fronteras la Florida occidental y el valle del MisisipÌ,
espacios que estaban ocupados por los Chikasas y Choctaw. Estos, por su
parte, se veÌan obligados a ir m·s hacia el oeste, adentr·ndose en la
Luisiana. Los gobernadores de la Luisiana vieron clara toda esta situaciÛn
y se propusieron crear alianzas tanto con las naciones indias como con
las gestes del middle ground, para formar una cadena de estados
barrera, o incluso anexion·rselos.
Los territorios indios tenÌan una poblaciÛn guerrera de
unos 12.000 indios: 6000 creeckes, 4000 choctaw, 2000 cherokis, y 600
chikasas [33] , por lo que sÛlo juntos en un Estado territorial
y apoyados por EspaÒa podrÌan hacer frente a los Estados Unidos. El gobernador
E. MirÛ y despuÈs el BarÛn de Corondelet, llevaron a cabo negociaciones
con las tribus indias a travÈs del gobernador de Natchez, Gayoso de Lemos,
y del agente espaÒol para los territorios indios, el mestizo Alejandro
Mac Gillibray. La cuestiÛn de un acuerdo con los indios era tanto m·s
urgente encuanto que la CompaÒÌa del Yazoo (a travÈs de la cual actuaba
los Estados Unidos) se adentraban cada vez m·s en el interior de estos
territorios. La compaÒÌa del Yazoo incluso realizaba incursiones en territorio
espaÒol y soliviantaba a los anglosajones del Kentucky, del Tennesse y
del Ohio para que llevasen acciones armadas contra la Luisiana. Las provocaciones
de la CompaÒÌa del Yazoo eran constantes, y buscaban una respuesta directa
de EspaÒa que llevase a los Estados Unidos a declarar la guerra [34] .
El peligro era tan claro que las naciones indias, empujadas
por EspaÒa, se avinieron a una alianza. Ya en junio de 1784 se llegÛ a
un primer acuerdo en los congresos indios de Penzacola y Movila. Pero
la situaciÛn no variÛ en esencia, los acuerdos de dichos congresos no
fueron efectivos y sobre el territorio predominaron las tradicionales
disputas indias. Solo a comienzos de la dÈcada de 1790, con los Estados
Unidos ocupando el territorio y asaltando las fronteras de la Luisiana
y la Florida, las naciones indias optaron por dejar de lado sus tradicionales
conflictos y llegar a una alianza entre ellos y con EspaÒa. Pero para
entonces era demasiado tarde, en la dÈcada de 1790 ya no fue posible frenar
y contener el empuje demogr·fico y polÌtico-militar de los Estados Unidos
El derrumbe y desapariciÛn de las fronteras espaÒolas era ya inevitable [35] .
La referida alianza EspaÒa-naciones indias se concretÛ con
el Tratado de Nogales de 1793. El tratado establecÌa una confederaciÛn
entre las naciones Creecke, Choctaw, Cherokis y Chikasa, sobre aquellos
territorios centrales hasta el Kentucky. TambiÈn establecÌa un sistema
de estado confederal, con una forma de gobierno conjunto. La base de esta
confederaciÛn era un congreso compuesto por 12 delegados de los jefes
de las naciones firmantes elegidos anualmente. La direcciÛn del congreso
recaerÌa en un representante de cada naciÛn que rotarÌa anualmente. Este
congreso tendrÌa facultades ejecutivas, legislativas y judiciales: Las
decisiones se aprobarÌan por mayorÌa, estando obligadas todas las naciones
a acatar las resoluciones. Si una naciÛn o tribu se negaba a cumplir las
resoluciones del congreso, las otras naciones firmantes deberÌan utilizar
todos los medios precisos para hacer cumplir las resoluciones. Cualquier
acciÛn contra una tribu o naciÛn deberÌa estar aprobada por el congreso
y todas las naciones deberÌan participar en tal acciÛn, no se permitirÌa
una acciÛn unilateral de una naciÛn o tribu contra otra. Asimismo, si
una naciÛn o tribu se consideraba insultada por otra, debÌa llevar el
asunto al congreso, el cual examinarÌa la cuestiÛn y dictarÌa resoluciÛn.
Igualmente, las tribus quedaban sometidas a sus jefes de naciÛn, no pudiendo
actuar por su cuenta. Por parte de Su Majestad CatÛlica, EspaÒa tendrÌa
un representante en dicho congreso con voz pero sin voto. Se permitirÌa
a EspaÒa establecer fuertes en territorio de la confederaciÛn india como
puntos defensivos contra los Estados Unidos. Los indios podrÌan entrar
y salir libremente de los fuertes, desde los cuales EspaÒa suministrarÌa
a los indios las armas y municiones que precisasen para defender su territorio.
La paz y la guerra solo la podrÌan declarar el congreso, y en caso de
guerra EspaÒa estarÌa comprometida a defender a la confederaciÛn india [36] .
La respuesta del Congreso Continental ante el tratado de
Nogales fue: por un lado, abandonar la polÌtica llevada hasta aquel momento
sobre el oeste (de no-intervenciÛn directa sobre esos territorios, inhibiciÛn
sobre la cuestiÛn del comercio por el MisisipÌ...); por otra parte, fomentÛ
la actitud belicosa de las gentes del Kentucky y del Tennesse contra EspaÒa,
y apoyaron las acciones y expediciones de la CompaÒÌa del Yazoo. Asimismo,
fomentÛ los conflictos entre las naciones y tribus indias.
4. LA LUISIANA Y LOS TERRITORIOS DELMEDIO-OESTE
4.1. organizaciÛn de los territorios
delmedio-oeste.
La zona enmarcada entre el MisisipÌ, los valles del Ohio y del Illinois,
y el sistema Apalaches-Alleghanys, era una tierra denominada dark
and blody (oscura y sangrienta) por su frondosidad, por su aislamiento
y la belicosidad de los indios. Era una zona de nadie disputada entre
EspaÒa y los Estados Unidos, pero a donde la autoridad de estos dos
estados no llegaba (ni sus leyes, ni sus funcionarios, ni sus ejÈrcitos
y milicias). AsÌ, el territorio se organizaba en pequeÒas comunidades
autosuficientes, fuertemente militarizadas y reguladas con sus propias
leyes. Ante un peligro toda la comunidad se movilizaba y sus dirigentes
se ponÌan al frente de la milicia. Eran comunidades acostumbradas a
vivir en la violencia, en la guerra y sus consecuencias. Esto conferÌa
a estas sociedades un car·cter extremadamente violento.
Durante la Guerra de Independencia la zona se fue colonizando por anglosajones
mon·rquicos: al acabar la guerra un 3% de la poblaciÛn de los Estados
Unidos habÌa emigrado a estos territorios
[37] . TambiÈn las compaÒÌas de comercio (como las del Yazoo y Transilvania)
establecÌan emplazamiento fortificados que funcionaban como bases de
exploraciÛn, caza, comercio y defensa. Por estos territorios deambulaban
soldados licenciados del EjÈrcito Continental, comerciantes, cazadores,
aventureros, y anglosajones, alemanes, espaÒoles, irlandeses, y gentes
sin residencia fija. Pero a finales de la dÈcada de 1780, esta poblaciÛn
comenzaba a sentir la presiÛn demogr·fica desde el este. Los nuevos
colonos eran de idiosincrasia contrapuesta al car·cter errante de los
colonos del primer flujo migratorio. En esta nueva corriente las gentes
llegaban con sus familias, y se asentaban y se dedicaba a la agricultura.
En 1780 solo en el Kentucky habÌa una poblaciÛn de unos 10.000 habitantes
y para 1787 brigadier J. Wilkinson, del EjÈrcito Continental pero al
servicio de EspaÒa, cifraba dicha poblaciÛn en unos 40.000 hab. con
una inmigraciÛn anual de 10.000 personas
[38] . Una memoria anÛnima seÒalaba unos 30.000 hab., y en r·pido
crecimiento [39] . El
censo de 1790 daba una cifra de 73.677 hab. para el Kentucky y 35.000
hab. para el Tennesse. Esto es, sin contar la poblaciÛn negra, entre
el Kentucky y el Tennesse estarÌamos hablando de una poblaciÛn que rondarÌa
las 100.000 personas en 1790 [40] .
En esta situaciÛn estos territorios tuvieron que formar sus propios
Ûrganos judiciales, legislativos y ejecutivos, al tiempo que Virginia
y Carolina del Norte se repartÌan el territorio: el condado del Kentucky
con capital en Boonesboroug, y el condado del Tennessee con capital
en Nashborouh (Nashville), respectivamente. Estos dos procesos (demogr·fico
e institucional) dieron mayor identidad propia al territorio, y capacidad
para defender sus propios intereses ante Virginia, las dos Carolina,
Georgia y el Congreso de los Estados Unidos. Igualmente, dichos procesos
produjeron un incremento de los rendimientos agrario y artesanal, cuyos
productos solo podÌan salir por tierra (recorriendo enormes distancias
con multitud de peligros). AsÌ, cuando esos productos llegaban a los
mercados atl·nticos alcanzaban precios muy altos y no eran competitivos.
Por toda esta situaciÛn, tres eran las posibilidades que las convenciones
del Kentucky y del Tennesse barajaban: La creaciÛn de unos estados independientes
incorporados a la ConfederaciÛn de los Estados Unidos; unos estados
totalmente independientes aliados de Gran BretaÒa, que se anexionasen
la Luisiana por la fuerza; y unos estados confederados a la MonarquÌa
Hisp·nica.
4.2. los primeros movimientos indenpentistas del medio-oeste.
El 15 de mayo de 1780 los condados del Kentucky y del Tennesse pidieron
formalmente al Congreso Continental su incorporaciÛn a la ConfederaciÛn
como Estados [41] . Dichas convenciones optaban
claramente por la incorporaciÛn a la ConfederaciÛn y esperaban una respuesta
afirmativa por parte del Congreso, pero Èste llevÛ una polÌtica de continuo
aplazamiento sobre la "cuestiÛn del oeste". Entre 1784 y 1792 las convenciones
de dichos territorios elevaron al Congreso 12 peticiones similares con
resultados negativos [42] . El 28 de mayo de 1785 las
convenciones del Kentucky y del Tennesse se declararon independientes
mediante una declaraciÛn redactada por el brigadier James Wilkinson,
y dirigieron un "manifiesto a los habitantes del Kentucky"
[43] . El 28 de enero de 1786 dichas convenciones recibieron una
respuesta dilatoria por parte de Virginia [44] : para que tal acto fuese legal deberÌan celebrarse
nuevas convenciones compuestas de un quorum de dos terceras partes
por cada convenciÛn, y con una delegaciones de representantes de la
Asamblea General de Virginia en cada c·mara. Esta respuesta era del
todo insuficiente, pero antes de llegar a la ruptura, dichas convenciones
volvieron a remitir sus demandas en septiembre de 1786 y enero de 1787.
Sin embargo, Virginia nuevamente esquivÛ la cuestiÛn alegando diversos
motivos, como de falta de quorom, obligando a nuevas convocatorias
asamblearias [45] . Paralelamente, se produjo
la resoluciÛn del Congreso Continental del 29 de agosto del 1786, aceptando
las propuestas espaÒolas sobre lÌmites, navegaciÛn y comercio, dejando
aparcada la cuestiÛn del MisisipÌ. Ante tal situaciÛn, dichas convenciones
se fueron inclinando cada vez m·s en favor de convertirse en Estados
separados de la ConfederaciÛn.
Por su parte, el agente espaÒol D. Gardoqui se hacÌa eco de la situaciÛn
en el Kentucky y el Tennesse y escribÌa a Floridablanca, apremi·ndole
para que el gobierno espaÒol se decidiese a actuar en favor de la secesiÛn
de estos territorios y de la formaciÛn de una alianza o uniÛn, en base
a la concesiÛn de la libre navegaciÛn por el MisisipÌ, dado que era
la ˙nica vÌa de salida comercial la cual no iban a renunciar. EspaÒa
se podÌa beneficiar mucho con la liberalizaciÛn del comercio y estrecharÌa
vÌnculos de uniÛn entre los dos lados del MisisipÌ. Gardoqui seÒalaba
que "(...) ha llegado el caso de que se trate con seriedad la separaciÛn
del nuevo distrito del Kentucky (...)" [46] .
En esta situaciÛn, en el 17 de septiembre de 1787 las convenciones
del Kentucky y del Tennesse se volvieron a reunir para ratificar la
independencia y poner a J. Wilkinson al frente del movimiento secesionista.
TambiÈn se propuso la elecciÛn de una asamblea constituyente que redactase
una constituciÛn [47] . J. Wilkinson se perfilÛ como
un nuevo "G. Washington" del oeste. En estas circunstancias Virginia
y las Carolinas se vieron con dos frentes abiertos: por un lado, impedir
la secesiÛn, para lo cual necesitaban el apoyo militar de un Congreso
Continental controlado por los estados del noreste Atl·ntico; y por
otro lado, la necesidad de llegar a un acuerdo con las convenciones
del Kentucky y del Tennesse. El sur supo maniobrar bien: por un lado,
alentÛ la idea de asalto a la Luisiana, como forma de calmar los ·nimos
independentistas del middle ground. Por otro lado, esto fue utilizado
para plantear un nuevo desafÌo al Congreso Continental, esto es, que
se viese obligado a declarar la guerra a EspaÒa y abrir el oeste. Por
su parte, las convenciones del middle ground se subieron al proyecto
de "asalto" a la Luisiana, confiando en que el Congreso les ofrecerÌa
la independencia a cambio de desengancharse de tal propÛsito bÈlico
y deshacer su alianza con el sur. Buenos ejemplos de estas enormes tensiones
en el seno de la ConfederaciÛn son los editoriales de los periÛdicos
y gacetas, como la de Richmon, y toda una serie de publicÌstica, como
las "Noticias de los Estados Unidos de AmÈrica" (en Filadelfia a 8 de
mayo de 1787) que llamaban abiertamente a las revueltas y a la guerra
contra EspaÒa [48] .
Ante esta degradaciÛn de la situaciÛn el Congreso de los Estados Unidos
pasÛ a la iniciativa: primero, actuÛ en favor de Virginia neg·ndose
a acceder a las pretensiones de las convenciones del middle ground,
el Congreso no iban a romper la ConfederaciÛn por la "cuestiÛn del oeste".
Segundo, se opuso a cualquier acto de ataque a la Luisiana, el Congreso
tampoco iba a comenzar una guerra contra EspaÒa apenas un aÒo despuÈs
de haber firmado el tratado de amistad y cooperaciÛn de 1786. Esta decisiÛn
del Congreso causÛ gran decepciÛn en los territorios del middle ground,
que se replantearon su estrategia respecto a la ConfederaciÛn de los
Estados Unidos. De tal modo, desde mediados de 1787 comenzÛ a tomar
fuerza la opciÛn de crear un Estado independiente aliado de Gran bretaÒa
o de EspaÒa, o incluso unos estados confederados a la MonarquÌa Hisp·nica.
4.3. el proyecto de "asalto" brit·nico a la luisiana.
Los primeros acuerdos entre el Kentucky y el Tennesse con
Gran BretaÒa se remontan a 1783, cuando una comisiÛn conjunta tratÛ con
el Conde Shelburne la ayuda que estos territorios recibirÌan de Gran BretaÒa,
a travÈs del Canad·, para sus independencias y sublevaciÛn contra los
Estados Unidos, asÌ como para atacar a la Luisiana. Los territorios entorno
al MisisipÌ quedarÌan bajo control brit·nico que garantizarÌa la independencia
de tales territorios y la libre navegaciÛn y comercio. Una segunda comisiÛn
del medio-oeste se reuniÛ con Lord Buckingham en 1786 elaborando un proyecto
concretado el 22 de agosto de 1787. Es en este cuadro donde toma pleno
sentido el acuerdo entre Gran BretaÒa con los Estados Unidos de 24 de
septiembre de 1782, en lo que respecta a la cuestiÛn del MisisipÌ y las
Floridas [49] .
Seg˙n el acuerdo del 22 de agosto de 1787, el gobierno brit·nico se
comprometÌa a remitir 100.000 libras esterlinas a las convenciones del
Illinois, del Ohio, de Kentucky y de Tennesse, para levantar una milicia
de 10.000 hombre dirigidos por los generales Clark, Tate y Green. Hombres
de negocios del medio-oeste, como Thomas Powell, aportarÌan las cantidades
restantes necesarias. A cada hombre se le prometÌan 15 pesos al mes
m·s concesiones de tierra (libre) en propiedad. Este ejÈrcito atacarÌa
la Luisiana en direcciÛn al oeste y al sur, al tiempo que el ejÈrcito
brit·nico descenderÌa desde los cauces altos del sistema Misouri-MisisipÌ
hasta unirse con las milicias americanas. Igualmente, se fomentarÌan
revueltas de los ingleses y franceses de la Luisiana. Entre tanto, la
flota inglesa y los navÌos americanos dirigidos por el espaÒol (mallorquÌn)
Farragut se dividirÌan en dos: una parte pondrÌa cerco a Nueva Orleans,
desgaj·ndose un grupo que remontarÌa el MisisipÌ; otra parte se dirigirÌa
a MÈjico y AmÈrica del Sur, inquietando las costas y fomentando sublevacion
en las comunidades criollas
[50] . Este complot brit·nico acabÛ en fracaso, los conspiradores
fueron detenidos unos, y huyeron otros hacia las colonias brit·nicas
y espaÒolas poniÈndose al servicio de ambas potencias.
4.4. la respuesta espaÒola en elmedio-oeste.
Para mediados del 1787 habÌan fracasado las dos primeras opciones manejadas
por los territorios del middle ground: la creaciÛn de unos estados
independientes incorporados a la ConfederaciÛn de los Estados Unidos,
y unos estados totalmente independientes aliados de Gran BretaÒa, por
lo que era necesario optar por la tercera vÌa: unos estados confederados
a la MonarquÌa Hisp·nica.
Ya el 20 de diciembre de 1786 el brigadier J. Wilkinson dirigiÛ carta
al encargado de negocios Francisco Crozat, gobernador del establecimiento
espaÒol del Ilinoa, solicitando una entrevista con D. Gardoqui. Desde
ese momento, Wilkinson se convirtiÛ en agente de EspaÒa. 15 de mayo
de 1787, Wilkinson informaba al gobierno de la Luisiana sobre los preparativos
de los territorios del middle ground y de Gran BretaÒa para asaltar
la Luisiana, sobre la represiÛn del movimiento independentista por Virginia,
y sobre sus contactos con el Congreso de los Estados Unidos [51] . J. Wilkinson dio un paso m·s y, entre junio
y septiembre de 1787, se entrevistÛ personalmente con el gobernador
E. MirÛ a quien entregÛ una declaraciÛn en la cual afirmaba estar determinado
a "(...) cambiar mi fidelidad de los Estados Unidos a su Magestad CatÛlica
(...)", por "(...) las circunstancias y polÌtica de los Estados Unidos
(...)" [52] . Esto es,
despuÈs de haber luchado contra Gran BretaÒa por la independencia, ahora
Èsta volvÌa a intentar anexionarse territorios americanos, mientras
que por otro lado, la guerra de emancipaciÛn no habÌa supuesto la independencia
de las comarcas medias, sino la sustituciÛn de un sometimiento por otro.
El resultado de la entrevista entre J. Wilkinson y E. MirÛ fue la decisiÛn
polÌtica y militar por ambas partes de transformar el mapa polÌtico
de la AmÈrica septentrional. Para ello, J. Wilkinson elaborÛ una memoria
donde exponÌa los motivos que forzaban a dar una salida en favor de
EspaÒa [53] :
1. EspaÒa era la que tenÌa el control efectivo sobre el
MisisipÌ, mientras que la uniÛn confederal habÌa renunciado a defender
los derechos del medio-oeste sobre la navegaciÛn por el MisisipÌ, estando
"los estados mas poblados y poderosos [de la UniÛn] (...) opuestos a ella".
El reconocimiento por parte del Congreso del derecho exclusivo de EspaÒa
sobre el rÌo en 1786, era consecuencia del estado interno de la confederaciÛn
donde predominaban los intereses de los estados atl·nticos, los cuales
hacÌan leyes a su medida. Sin embargo, pese a todo ello, a los territorios
del oeste se les exigÌan fuertes tributos a la caja confederal.
2. La guerra de independencia nada habÌa cambiado: la amenaza
brit·nica continuaba en el norte, los indios realizaban incursiones saqueadoras
y, mientras, los Estados Unidos estaban "divididos en polÌtica, desunidos
en intereses, desconcertados en sus consejos, agobiados con deudas, y
sin crÈdito, ni dentro, ni fuera". Dada esa situaciÛn, estos territorios
habÌan pedido la independencia como estados dentro de la UniÛn, para poderse
defender, darse sus propias leyes y autogobernarse, pero Virginia y el
Congreso se negaban a reconocerles sus derechos.
3. Por todo ello, las convenciones del medio-oeste consideraban
sus "vÌnculos de fidelidad disueltos quedando ellos en libertad de proveer
su propia conservaciÛn".
Seguidamente, en dicha memoria J. Wilkinson planteaba el
siguiente proyecto: La independencia de estos territorios y una alianza
con EspaÒa o incluso una confederaciÛn, donde dichos territorios tendrÌan
una amplia autonomÌa y capacidad de gobierno, admitiendo a estas gentes
como "vasallos con ciertos privilegios en materia de religiÛn y polÌtica
conforme al genio y necesario bienestar" de sus gentes. Asimismo, se darÌan
libertad de lengua y comercio, quedando el MisisipÌ abierto para ellos.
Adem·s, se permitirÌa a estas gentes asentarse sobre los valles de dicho
rÌo e incluso en la Luisiana, haciÈndoles jurar fidelidad al Rey CatÛlico.
Esto solucionarÌa la falta de poblaciÛn de la Luisiana, fuente de su debilidad.
EspaÒa deberÌa ayudar militarmente a la sublevaciÛn y extender los acuerdos
con las naciones indias a estos territorios, cesando las agresiones indias.
Si EspaÒa accedÌa a esta proposiciÛn se podÌa "enajenar los americanos
occidentales de los Estados Unidos, destruir los designios insidiosos
de la Gran BretaÒa y echar aquellos en brazos de la EspaÒa". Por ˙ltimo,
Wilkinson advertÌa que "los notables de estos recientes establecimientos
consideran (...) una amigable composiciÛn con la EspaÒa, o hostilidades
con auxilio de la Gran BretaÒa (...) los referidos establecimientos est·n
determinados a hacer la primera proposiciÛn a la EspaÒa, y en caso de
no admitirla, abrazar la polÌtica de la Gran BretaÒa" [54] .
Para progresar en este empeÒo EspaÒa deberÌa avanzar sus
puestos militares introduciÈndose en las comarcar medias y mandar agentes
a recorrerlas para seducir a los indecisos. Pecisamente, esto es lo que
estaban haciendo Gran BretaÒa y los Estados Unidos. Ya en 1785, el agente
espaÒol Mac Gillibray informaba a E. MirÛ [55] de las labores de captaciÛn
de adeptos realizadas por los agentes brit·nicos y los comisarios norteamericanos.
Entre las agentes captadas por los brit·nicos estaban los generales Clarck
y Mongomery entre otros (precisamente, aquellos que pactaron con Gran
BretaÒa el acuerdo de 1787 de asalto a la Luisiana)
[56] .
El Proyecto Wilkinson no fue la ˙nica propuesta que recibiÛ EspaÒa.
El capit·n del ejÈrcito francÈs P. Wouves d'Arges, al igual que otros
oficiales franceses, se puso al servicio de EspaÒa al finalizar la guerra
de independencia. Con apoyo de ParÌs, Wouves proponÌa organizar todo
el territorio al occidente del los Alleghanys entre EspaÒa y Francia
(en el marco de los Pactos de Familia), dado que sÛlo con una acciÛn
combinada de las dos potencias se podrÌa poblar el territorio, controlarlo
y sujetarlo bajo soberanÌa espaÒola. El proyecto incidÌa en el aspecto
colonizador como pieza esencial. A principios de 1787 Wouves remitiÛ
al Conde de Aranda su propuesta. …ste se mostrÛ favorable [57] , pero sus expectativas volvieron
a chocar con la postura negativa de Floridablanca, receloso ante esta
proposiciÛn francesa.
Otros proyectos similares que el gobierno espaÒol recibiÛ fueron: el
del coronel Morgan, del EjÈrcito Continental (septiembre de 1788); el
del congresista John Brown, el Procurador General del Kentucky Harry
Innes y el mayor Isaac Dunn (enero de 1789); el del general BarÛn Steuben...
Entre estos proyectos especial relevancia tiene el plan James White,
delegado de Carolina del Norte en el Congreso. …ste, el 18 de septiembre
de 1787, se dirigiÛ a D. Gardoqui para proponerle la separaciÛn de los
condados del Cumberland y Franklin y ponerlos bajo soberanÌa espaÒola
[58] . J. White seÒalaba que si EspaÒa ofrecÌa la libertad de navegaciÛn
y comercio "(...) adquirirÌa S.M.C. la voluntad de ellos para siempre
y se estrecharÌan lig·ndose con S.M.C en calidad de estado independiente
(...) y servir·n de barrera bajo los pactos m·s solemnes que S.M.C dispusiese
(...)", y aÒadÌa "(...) me consta que va V.M. a triunfar de lo que jam·s
creyeron los Estados Unidos ceder a la EspaÒa (...)", si accede a estas
peticiones. Ahora bien, White acababa advirtiendo que "(...) nadie puede
dudar que aquellos establecimientos ser·n alguna vez muy importantes
a la EspaÒa, asÌ como de su enemistad pudiera resultarla muchos perjuicios.
Quisiera que V.M. se impusiera bien de la gravedad de esta verdad (...)".
Todas estas propuestas eran centradas sobre D. Gardoqui que las canalizaba
y remitÌa al gobernador MirÛ con su parecer. Gardoqui y MirÛ estaban
de acuerdo en que tales proposiciones no eran m·s que pequeÒas partes
del plan global de Wilkinson, y todas ellas coincidÌan en finalizar
con amenazas a EspaÒa, caso de que no se accediese dar la libre navegaciÛn [59] . E. MirÛ remitiÛ a la Corte informaciÛn el plan Wilkinson
el 25 de septiembre de 1787
[60] pidiendo al gobierno una decisiÛn favorable. MirÛ estimaba
que: los Estados Unidos habÌan licenciado al ejÈrcito y tenÌan grandes
problemas internos (tanto polÌticos como econÛmicos) con riesgo real
de desintegraciÛn; por su parte, los dirigentes del oeste estaban decididos
a constituirse en estados independientes de la ConfederaciÛn, y a unirse
a EspaÒa si se permitÌa la libre navegaciÛn y comercio. La conclusiÛn
de MirÛ era clara: esta era una oportunidad que EspaÒa no podÌa dejar
pasar.
Entre tanto se recibÌa respuesta de Madrid, J. Wilkinson jugaba a dos
barajas. Por un lado: informÛ a la convenciÛn del Kentucky sobre la
actitud favorable del gobernador de la Luisiana al proyecto secesionista.
…sta, en reuniÛn del 17 de septiembre de 1787, aprobÛ declarar la independencia
para el 31 de diciembre de 1788. TambiÈn resolviÛ convocar una congreso
constituyente cuya funciÛn serÌa elaborar la constituciÛn del nuevo
Estado. Asimismo, dicha convenciÛn eligiÛ una delegaciÛn para negociar
con el gobernador E. MirÛ [61] . Por otro lado: sobre de noviembre de 1788
Wilkinson mantenÌa contactos con el coronel Connolly, enviado brit·nico
del gobernador del Canad· Lord Dorchester. El resultado de los tratos
entre Wilkinson y Connolly fue la garantÌa brit·nica de ayuda a los
establecimientos occidentales en sus propÛsitos secesionistas, asÌ como
abrir la navegaciÛn del MisisipÌ en cuanto se desposeyera a EspaÒa de
la Luisiana [62]
Todo esto causaba gran alarma en tanto en Filadelfia como en Virginia,
por lo que el Congreso Continental se propuso controlar estos territorios.
El 13 de julio de 1787 el Congreso declaraba al middle ground
territorio federal y exento de esclavitud, y lo dividÌa segregando el
llamado Northwest territory mediante la Northwest Ordinance [63] . Esta ordenanza establecÌa el derecho de proclamarse estado
a partir de los 60.000 habitantes, de 50.000 a 60.000 el territorio
se podÌa autoadministrar bajo la dependencia del Congreso, mientras
que para los territorios de menos de 5.000 habitantes se establecÌa
la administraciÛn directa por el Congreso a travÈs de un gobernador,
asistido por secretarios y juez. Con esto, el Congreso reforzaba ante
EspaÒa la pertenencia jurÌdica de estos territorios a la UniÛn. Ante
el sur, el Congreso declaraba a estas comarcas como futuros estados
no esclavistas, con lo que los estados del noreste se aseguraban la
continuidad de su mayorÌa en el dicha C·mara. Asimismo, con todo ello,
se intentaban calmar los ·nimos del oeste.
Es en este contexto donde deben ser entendidas las declaraciones
del Congreso, durante los meses de junio y julio de 1787, por las cuales
se aprobaba "(...) que el Distrito [Kentucky] sea erigido en Estado separado
y miembro de la UniÛn (...)", aunque demorando tal promulgaciÛn debido
a la situaciÛn de la ConfederaciÛn y las circunstancias que atraviesa.
Es decir, en este punto el Congreso cedÌa a la estrategia dilatoria de
Virginia. …sta, en su asamblea de 28 de diciembre de 1788, pidiÛ a las
convenciones del oeste que se mantuviesen en la legalidad, esto es, que
su decisiÛn sobre la independencia se realizase en asambleas legalmente
constituidas y autorizadas, seg˙n ya estaba propuesto, adem·s, la independencia
no podrÌa llevarse a cabo antes del 1 de noviembre de 1790 [64] .
En el middle ground, estas nuevas noticias junto
a la confusa situaciÛn (la falta de respuesta del gobierno de Madrid,
la vacilaciÛn de los implicados en la secesiÛn...), llevÛ a demorar cualquier
acciÛn. En este comp·s de espera, el 1 de diciembre de 1788 el gobierno
espaÒol resolviÛ sobre la cuestiÛn de la AmÈrica occidental. El gobierno
aprobaba la idea esencial del Proyecto Wilkinson pero bajo par·metros
nuevos [65] : se desestimaba cualquier
acuerdo o acciÛn que implicase a EspaÒa en una guerra con los Estados
Unidos. No se cedÌa a la libre navegaciÛn y comercio por el MisisipÌ,
los productos de aquellos territorios que bajasen por el rÌo deberÌan
pagar un impuesto del 15% sobre las mercancÌas transportadas. Tampoco
se cedÌa en la libertad de inmigraciÛn a la Luisiana, la inmigraciÛn y
el asentamiento se deberÌan realizar bajo licencia, y los colonos deberÌan
regirse por las leyes de EspaÒa jurando fidelidad a Su Majestad CatÛlica.
Tampoco se permitÌa la libertad religiosa, las iglesias establecidas debÌan
ser catÛlicas y regidas por catÛlicos. Por ˙ltimo, a los implicados en
la secesiÛn se les ofrecÌa recompensas en tierras y propiedades de la
Luisiana, en caso de fracar la secesiÛn.
Esta respuesta de Madrid era, en el fondo, un rechazo al Proyecto
Wilkinson por los motivos siguientes: 1) Se dejaba toda la iniciativa
en manos de las confusos y vacilantes gestores del plan secesionista
y de sus convenciones del oeste, siendo la ayuda espaÒola a posteriori
y de forma indirecta y clandestina. Sin unas garantÌas claras de intervenciÛn
espaÒola dichas convenciones no irÌan a la secesiÛn y a la guerra. 2)
La guerra entre EspaÒa y los Estados Unidos solo se podÌa evitar si,
ante unos hechos consumados por parte del Kentucky y del Tennesse, el
Congreso Continental reconocÌa sus independencias. La contrariedad era
que, en esa situaciÛn, las convenciones de estos territorios preferirÌan
quedarse en la ConfederaciÛn y empujar al Congreso a una acciÛn sobre
el MisisipÌ, con lo que finalmente una guerra hispano-norteamericana
serÌa inevitable. 3) Esas gentes solo aceptarÌan la libre navegaciÛn
y comercio en la Luisiana, asÌ como la libertad religiosa, de inmigraciÛn
y de autogobierno.
La respuesta de Madrid causÛ gran decepciÛn en el middle ground.
El propio J. Wilkinson remitÌa cartas a E. MirÛ sobre la necesidad de
cambiar el plan: dadas las circunstancia presentes "(...) ser· m·s ˙til
a la Corte de EspaÒa dexar la idea de recibir al pueblo del Kentucky
baxo el dominio de S.M. y emplear todos los medios indirectos a fin
de separar este paÌs de los Estados Unidos (...)". Es de remarcar que
Wilkinson hablaba, ya sÛlo, de la utilizaciÛn medios indirectos por
parte de EspaÒa y de coaliciÛn o alianza
[66] . Este cambio de estrategia no solo fue fruto de la tardÌa
y pusil·nime respuesta del gobierno espaÒol, sino tambiÈn de los cambios
producidos en el sistema confederal durante este Ìnterin. Por otro lado,
las nuevas circunstancias internacionales (RevoluciÛn Francesa y alianza
entre la ConvenciÛn y los Estados Unidos) tuvo gran efecto en este vuelco
de la situaciÛn.
Continue>
NOTAS.
[1] Cantillo,
A.; Tratados, convenios y declaraciones de paz y de comercio que han
hecho con las potencias estranjeras los monarcas espaÒoles de la Casa
de BorbÛn desde el aÒo 1700 hasta el dÌa. Imp. de Alegria y Charlain,
Madrid, 1843. Pp.489 y ss..
[2] Serrano y Sanz, M.; Documentos historicos de
la Florida y la Luisiana. Madrid, 1915. Pp.265 y ss.., citado
en [2] Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?. 1787-1789.
ContribuciÛn al Estudio de las primeras relaciones entre EspaÒa y
los Estados Unidos de NorteamÈrica. Instituro Fernando El CatÛlico,
Zaragoza, 1949.P.4.
[3] Montero de Pedro, J.; EspaÒoles en Nueva Orleans
y la Luisiana. Ed. de Cultura Hisp·nica, Madrid, 1979. Pp. 7 y
ss., p.22.
[4] Montero de Pedro, J.; EspaÒoles...op.cit.,pp.25.
[5] Montero de Pedro, J.; EspaÒoles...op.cit.,pp.25
y ss..
[6] Armillas Vicente, J.; El MisisipÌ, frontera
de EspaÒa: EspaÒa y los Estados Unidos ante el tratado de San Lorenzo.
FundaciÛn Fernando El CatÛlico, Zaragoza, 1977. P.16.
[7] Montero de Pedro, J.; EspaÒoles...op.cit.,p.
124
[8] A.H.N., Estado, leg. 3.884. Despacho de Aranda
a Grimaldi de 13 de enero de 1777. TambiÈn en Yela Utrilla, J.; EspaÒa
ante la indenpendencia de los Estados Unidos. Academia Mariana,
LÈrida, 1925. vol 2,pp.42-43.
[9] Montero de Pedro, J.; EspaÒoles...op. cit.,p.44.
[10] Montero de Pedro, J.; EspaÒoles... op. cit.,pp.41
y ss.., Serrano Sanz.,M.; "RelaciÛn de la campaÒa de G·lvez",Documentos...op.cit.,pp.343-352,
citado en Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...
op.cit.,p.4.
[11] Montero de Pedro, J.; EspaÒoles...pp.44-45,
Thompson, B.P.;Spain: forgotten ally of the American Revolution.
Christopher Publishing House, North Quincy, Mass.,1976.P.102.
[12] Montero de Pedro, J.; EspaÒoles...op.cit.,pp.41
y ss..
[13] Flagg, Bemis, S.; The diplomacy of The american
revolution. Indiana University press, 1967.
pp.260-261.
[14] S·nchez Montero, R.; "La misiÛn de John jay en
EspaÒa". Anuario de Estudios Americanos, n∫23.
[15] Armillas Vicente, J.; El MisisipÌ...op. cit.,pp.16
y ss..
[16] Yela Utrilla, J.; EspaÒa...op. cit.,vol.I,
pp.477-480. Cantillo, A.; Tratados...op.cit.,pp.474-475.
[17] Montero de Pedro, J.; EspaÒoles...op.cit.,pp.124.
[18] Vicens Vives, J.; Historia social op.cit.,y
econÛmica de EspaÒa y AmÈrica. Vol. IV, Vicens-Vives. Barcelona,
1972. Pp.221-223
[19] Willi, P.A.; Los Estados Unidos de AmÈrica.
SigloXXI,Madrid, 1990.Pp.15.
[20] Willi, P.A.; Los Estados Unidos...op.cit.,pp.33-34.
[21] Willi, P.A.; Los Estados Unidos...op.cit.,pp.33-34.
[22] Willi, P.A.; Los Estados Unidos...op.cit.,pp.36-37.
[23] Willi, P.A.; Los Estados Unidos...op.cit.,pp.37.
[24] Willi, P.A.; Los Estados Unidos...op.cit.,pp.36.
[25] Willi, P.A.; Los Estados Unidos...op.cit.,pp.45.
[26] A.H.N., Estado, leg. 3885. TambiÈn en Armillas
Vicente, J.; El MisisipÌ...op.cit.,pp.25 y ss..
[27] S·nchez Montero, R.; "La misiÛn de John jay en
EspaÒa". Anuario de Estudios Americanos, n∫23. Santoyo; J.C.;
Arthur Lee: historia de una embajada secreta. Caja de Ahorros
Municipal de la Ciudad de Vitoria, Vitoria, 1977.
[28] Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?....op.cit.,p.9.
[29] Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...op.cit.,p.16.
[30] Gomez del Campillo, M.; Relaciones diplom·ticas
entre EspaÒa y los Estados Unidos. A.H.N., Estado, Cat·logo, vol.II.
Pp.385-398. Armillas Vicente, J.; El MisisipÌ...op.cit.,pp.125-126.
[31] A.H.N., Estado, leg. 3885.
[32] A.H.N., Estado, loc.cit.
[33] Armillas Vicente, J.; El MisisipÌ...op.cit.,pp.95,
Montero de Pedro, J.; EspaÒoles..op.cit.,pp.58 da una cifra
de 15.000.
[34] Armillas Vicente, J.; El MisisipÌ...op.cit.,pp.96-98
[35] Armillas Vicente, J.; El MisisipÌ...op.cit.,pp.96-98.
[36] A.G.I., Cuba, leg. 16.
[37] Willi, P.A.; Los Estados Unidos...op.cit.,pp.26.
[38] Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...op.cit.,pp.13.
[39] A.H.N., Estado, leg 3886.
[40] Armillas Vicente, J.; El MisisipÌ...op.cit.,pp.52.
[41] Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...op.cit.,pp.20.
[42] Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...op.cit.,pp.20.
[43] A.H.N., Estado, leg. 3886.
[44] A.H.N., Estado,loc.cit..
[45] Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...op.cit.,pp22.
[46] Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...op.cit.,pp21.
[47] A.H.N., leg, 3888, Gazeta del Kentucky n∫ 28,
8 de marzo de 1788. Estracto del diario de la ConvenciÛn del Kentucky.
Citado en Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...op.cit.,pp.55.
[48] A.H.N., leg. 3886. CÛpia de una carta escrita
en Nashville en los establecimientos al oeste de la Carolina del Norte.
Citado en Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...op.cit.,pp.19.
Armillas Vicente, J.; El MisisipÌ...op.cit.,pp.31.
[49] BEARD, M.; CHARLES, A.; Historia de la civilizaciÛn
de los Etados Unidos de AmÈrica del Norte: desde sus orÌgenes hasta
el presente. Guillermo Kraft, Buenos Aires, 1946. Vol.I, pp.440 y
ss..
[50] Armillas Vicente, J.; El MisisipÌ...op.cit.,pp.31-36
y ss.., Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...op.cit.,pp.23-24.
[51] Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?..op.cit.,pp.24
y ss..
[52] A.G.I., Cuba, leg. 2375. Citado en Navarro Latorre,
J.; øConspiraciÛn espaÒola?...pp.27-28.
[53] A.H.N., leg, 3888. Memoria del Brigadier Jayme
Wilkinson. Citado en Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...op.cit.,pp.30
y ss..
[54] A.H.N., loc.cit. Memoria del Brigadier
Jayme Wilkinson. Citado en Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...op.cit.,pp.30
y ss.: "Lista de notables". Apoyan el plan Wilkinson: el Procurador
General del Kentucky Harry Innes, el jurista BenjamÌn Sebastian,
el congresista John Brown, el juez Caleb Wallace, el abogado y hombre
de influencia John Fowler. Apoyan la independencia del Kentucky y
una amiglable conexiÛn a EspaÒa: el comandante de milicia BenjamÌn
Logan, el habitante de fortuna y de influencia Isaac Shelby, el coronel
James Gerard. A favor de la independencia: el ministro Guillermo Wood,
el coronel Henrry Lee, el coronel Roberton Jonston, el general Lawson
(amigo de Wilkinson), el habitante de influencia Ricardo Tyler, el
caballero de fortuna (amigo de Wilkinson) Jorge Nicol·s Escudero,
el hombre de fortuna Alejandro Scot Bullet. A favor de Gran BretaÒa:
el agrimensor Thomas Marshall, el agrimensor Richard Canderson, el
juez Jorge Mutter, el coronel Robreto Caldwell, el hombre de influencia
Green Clay, el hombre de influencia Samuel Taylor, el villano Humphrey
Marshall.
[55] A.H.N., leg. 3885. 15 de mayo de 1785.
[56] Armillas Vicente, J.; El MisisipÌ...op.cit.,pp.94-96,
Relaciones diplom·ticas entre EspaÒa y los Estados Unidos a finales
de siglo XVIII. Universidad de Zaragoza, 1973. Pp.105 y ss.. La
participaciÛn de Gran BretaÒa en estos complots contra EspaÒa tendrÌa
como primer objetivo debilitar la posiciÛn de EspaÒa en el MisisipÌ
e incrementar las tesiones entre EspaÒa y los Estados Unidos.
[57] Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...op.cit.,pp.45
y ss.. Asimismo, sobre los orÌgenes de los proyectos colonizadores
del MisisipÌ A.H.N., Estado leg. 659. Consejo de Estado de 28 de junio
de 1702 y de 12 de agosto. La cuestiÛn ya se planteÛ en estos consejos.
El embajador espaÒol en ParÌs Castell Dosrius elevÛ al Consejo propuesta
de Luis XIV y Felipe V sobre la exploraciÛn, poblamiento, gobernaciÛn
y administraciÛn conjunta del MisisipÌ, como ensayo y modelo para
extender un sistema de gobierno conjunto a toda AmÈrica y EspaÒa,
resultando al final del proceso la uniÛn de las dos coronas: Consideraba
la Francia que solo con la conjunciÛn de las dos monarquÌas se tenÌa
capacidad para retener AmÈrica en exclusividad, expulsando a ingleses
y holandeses, y mantener conectada a toda la MonarquÌa desde Europa
a AmÈrica como si de un solo territorio continuo se tratase. Las colonias
inglesas quedarÌa encerradas entre el Atl·ntico y los Alleghanys,
y desconectadas de Gran BretaÒa, situaciÛn con la que no tendrÌan
m·s remedio que orientarse, econÛmica y polÌticamente, hacia la MonarquÌa
Hisp·nica. El Consejo resolviÛ que no habÌa otra salida que la colaboraciÛn
con Francia, pero solo en AmÈrica y para estos territorios del MisisipÌ,
rechazando el resto de las propuestas de Luis XIV porque significaban
llegar a la uniÛn de las dos monarquÌas.
[58] Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...op.cit.,pp.57
y ss..
[59] Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...op.cit.,pp.47
y ss..
[60] A.H.N., Estado, leg. 3888. Citado en Navarro
Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?..op.cit.,pp.207-214.
[61] A.H.N., Estado, loc.cit. Estracto de los
diarios de la convenciÛn en la Gazeta de Kentucky de 28 de marzo de
1788. Citado en Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...op.cit.,pp.55.
[62] Reuniones de Connolly-Wilson entre el 8 y el
20 de noviembre. Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...op.cit.,pp.65-66.
[63] Roberson, J.M.; "James Monroe and the tree-to-five
clause of the Northwest Ordinance". Early America Review. Summer-Fall
2001.
[64] Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...op.cit.,pp.60,
66-67.
[65] Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...op.cit.,pp.73-74
[66] 17 de septiembre de 1789 A.H.N., leg 3886. Citado
en Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...op.cit.,pp.81.
[67] Armillas Vicente, J.; El MisisipÌ...op.cit.,pp.25-26
[68] Armillas Vicente, J.; El MisisipÌ...op.cit.,pp.55
y ss..
[69] Armillas Vicente, J.; El MisisipÌ...op.cit.,pp.63.
[70] Armillas Vicente, J.; Ecos de la RevoluciÛn
Francesa en los Estados Unidos. Universidad de Zaragoza, 1973.
Pp.76.
[71] Navarro Latorre, J.; øConspiraciÛn espaÒola?...op.cit.,pp.83-84.
[72] Yela Utrilla, J.; EspaÒa...op.cit.,vo.l.I,pp.477,
Armillas Vicente, J.; El MisisipÌ...op.cit.,pp.76, Willi, P.A.;
Los Estados Unidos...op.cit.,pp.53-55.
[73] Armillas Vicente, J.; El MisisipÌ...op.cit.,pp.170-172,Willi, P.A.; Los Estados Unidos...op.cit.,pp.55.
[74] Willi, P.A.; Los Estados Unidos...op.cit.,pp.55-56
[75] Yela Utrilla, J.; EspaÒa...op.cit.,vol.I,
pp. 477.
[76] Montero de Pedro, J.; EspaÒoles...op.cit.,pp.54-55.
BIBLIOGRAFÕA
ANONIMO; A plain tale, supported by authentic documents,
justifying the character of General Wilkinson, ... by a Kentuckian.
Published in New York, 1807.
APRISI MIRALLES, A.; La revoluciÛn americana: aproximaciÛn
a sus orÌgenes ideolÛgicos. Centro de Estudios Constitucionales,
Madrid, 1995.
ARMAS, F.; "Luisiana y florida en el reinado de Carlos
III". Anuario de Estudios Americanos, n∫ 100.
ARMILLAS VICENTE, J.; El MisisipÌ,
frontera de EspaÒa: EspaÒa y los Estados Unidos ante el tratado de
San Lorenzo. FundaciÛn Fernando El CatÛlico, Zaragoza, 1977.
Ecos de la RevoluciÛn Francesa
en los Estados Unidos. Universidad de Zaragoza, 1973.
Relaciones diplom·ticas entre
EspaÒa y los Estados Unidos a finales de siglo XVIII. Universidad
de Zaragoza, 1973.
"Nuevas consideraciones sobre
la deuda de guerra de los Estados unidos para con EspaÒa. Actas
del Congreso de historia de los Estados Unidos. Univ. Hispanoamericana
de Santa MarÌa de la R·bida. Junio, 1976.
BEARD, M.; CHARLES, A.; Historia de la civilizaciÛn
de los Etados Unidos de AmÈrica del Norte: desde sus orÌgenes hasta
el presente. Guillermo Kraft, Buenos Aires, 1946.
BALLESTEROS GAIBROIS, M.; Historia
de AmÈrica. Pegaso, Madrid, 1946.
Documentos inÈditos para la historia de espaÒa. vol.
5. papeles de indias. Maestre, Madrid, 1947.
"La guerra de AmÈrica y la intervenciÛn
de EspaÒa". Historia de EspaÒa.. Vol. V. Salvat, 1929.
BAILYN, B.; The debate on the
Constitution: federalist and antofederalist speeches, articles, and
letters during the struggle over ratification. Part one, debates in
de press and in private correspondence, September 17, 1987-january
12, 1988. Debates in the State ratifiying conventions, Pennsylvania,
November 20-December 15, 1787, connecticut, January 3-9. 1788, Massachusetts,
January 9-February 7, 1788. Literary Classics of the United States,
New York, 1993.
BEERMAN, E.; EspaÒa y la Independencia
de los Estados Unidos. MAPFRE, Madrid, 1992.
BROWN, J.M.; PolÌtical beginnings of Kentucky.
Luisville, 1889.
The political beginnings of Kentucky. A narrative of
public events bearing on the history of that state up to the time
of its admission into the American Union. J. P. Morton and company,
Louisville, 1889.
BURSON, C.; The stewardship of Don Esteban MirÛ,
1782-1792. American printing company Nuew orleans, 1940.
CANTILLO,
A.; Tratados, convenios y declaraciones de paz y de comercio que
han hecho con las potencias estranjeras los monarcas espaÒoles de
la Casa dew BorbÛn desde el aÒo 1700 hasta el dÌa. Imp. de Alegria
y Charlain, Madrid, 1843.
CAUFIELD, J.; The Reevers Association:
a study of loyalism in the 1790's. The British Library Document
Supply Centre, West Yorkshire, 1988.
CAVA MESA, J.M.; Diego de G·rdoqui: un bilbaÌno en
la diplomacia del siglo XVIII. Bilbao Bizkaia Kutxa, Bilbao,1992
.
CHATELAIN, V.; The defenses of Spanish Florida: 1565
to 1763. Carnagie Institution of Washington publications, Washington,
D.F., 1941.
CORBITT, DUVON C.; Papers relating to the Georgia-Florida
frontier, 1784-1800. Georgia Historical Society. Savannah, Geor.,
vol.23, 1939.
Papers from the Spanish archives relating to Tennessee
and the old Southwest, 1783-1800. East Tennessee Historical Society.
Knoxville, Tennessee, 1944-1945.
COSTA,
F.; "Las fronteras hispanoamericanas". Cuadernos de investigaciÛn,
1979.
COX, I.J.;"Wilkinson first break with the spaniards". Eigth Annual Report,
Ohio Valley Historical Association, CharlestÛn, 1915.
Florida, frontier outpost of New Spain. University
of North Carolina Press. Chapel Hill, North Carolina, 1942.
"Florida, avanzada fronteriza de Nueva EspaÒa". Actas
II Congreso Internacional de Historia de AmÈrica, Buenos Aires, julio,
1937. Buenos Aires. (1938) vol.2, p.173-184.
CUBELLAS PELUZZO, J.A.; Presencia espaÒola e hisp·nica
en la Florida desde el descubrimiento hasta el bicentenario. Cultura
Hisp·nica, Madrid, 1978
DECONDE, A.; This affair of
Loouisiana. Scribner, New York, 1976
DEFINA, F.; "Mestizos y blancos
en la polÌtica india de la Luisiana". Revista de Indias, 1966.
DIN, G.C.; The New Orleans cabildo: colonial Luisiana's
firs city government, 1760-1803. Lousiana State University Press,
Baton Rouge 1996.
The Spanish militari power and the Misisipi.
Eas Tennessee Historical Sociaty, 1964.
"Proposals and plans for colonization in Spanish Louisiana:
1787-1790". Louisiana History, Summer 1970.
"Early spanish colonization efforts in Louisiana". Louisiana
Studies. Spring, 1972.
"La defensa de la Luisiana espaÒola en sus primeros
aÒos" Revista de Historia Militar, 1978.
FERRELL, R.; Foundations of American diplomacy.
University of South Carolina, 1969.
FERRER BENIMELI, J.; "EL Conde de Aranda y la independencia
de AmÈrica". IlustraciÛn espaÒola e independencia de AmÈrica.
Barcelona, 1978.
"AmÈrica
en el pensamiento polÌtico del Conde de Aranda". Actas del Congreso
de la Universidad Hispanoamericana de Santa MarÌa de la R·bida,
julio 1976. Ministerio de EducaciÛn y Ciencia, Madrid 1978, pp.39-49.
PolÌtica americanadelcondedeAranda. Cuadernos
Hispanoamericanos, diciembre, 1988, pp.71-94.
FILSON, J.; The discovery and
settlement of Kentucky. University Microfilms, Ann Arbor, 1966.
FLAGG BEMIS, S.; The diplomacy
of The american revolution. Indiana University press, 1967.
Guide to the diplomacy history
of the United States, 1775-1921. Peter Smith, Gloucester,Mass,1959.
La diplomacia de los Estados
Unidos en la AmÈrica Latina. Fondo de Cultura EconÛmica, MÈxico,
1944.
Guide to the diplomatic history
of the United States, 1775-1921. Washington, 1935.
Jay's treaty: a study in commerce and diplomacy.
Greenwood Press, Westport, Conn.,1975 (1962).
The London mission of Thomas Pinckney, 1792-1796.
New York, 1923.
FLORIDABLANCA, "obras originales".
Biblioteca de Autores EspaÒoles, vol. 59. Atlas, Madrid, 1952.
FRANKLIN, B.; Wrintings: boston and London, 1722-726;
Philadelphia: 1726-1757; ParÌs:1776-1785; Phyladelphia:1785-1790;
Autobiograophy. Literary Classics of the United States, New York,1987
.
GOMEZ DEL CAMPILLO, M.; Relaciones diplom·ticas entre
EspaÒa y los Estados Unidos. Archivo HistÛrico Nacional, SecciÛn
Estado, Cat·logo, vol.II.
GONZALEZ, J.; Cat·logo de mapas y planos de la Florida
y la Luisiana. Archivo General de Indias, DirecciÛn General del
Patrimonio ArtÌstico, Archivos y Museos, Madrid, 1979.
GONZALEZ DE BARCIA, A.; Ensayo cronolÛgico para la
historia general de la Florida escrito por D. Gabriel de C·rdenas.
Impr. de los Hijos de doÒa Catalina PiÒuela, Madrid, 1829.
GREEN, J.; Peripheries an center: constitucioanal
development in the extended polities of the Brities Empire and United
States, 1607-1788. W.W. Norton, New York, 1990.
GREEN, T.M.; Spanish conspiracy. A review of of eraly
Spanish movements in the southwest. Peter Smith, Gloucester, Mass.,1967
(1891).
GUERRA; R.; La ExpansiÛn territorial
de los Estados Unidos a expensas de EspaÒa y de los paises hispanoamericanos.
Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975.
HENDERSON A.; "The Spanish conspiracy
in Tennesse". Tennesse Historical magazine, n∫ 3, pp.232.
HERNANDEZ S¡NCHEZ-BARBA, M.; La ˙ltima expansiÛn
espaÒola en AmÈrica. Instituto de Estudios PolÌticos, Madrid,
1957.
HOFFMAN, P.; Luisiana. Mapfre, Madrid, 1992.
HOLMES, J.; Gayoso: the life of a Spanish governor
in the Mississippi Valley, 1789-1799. Louisiana State University
Press, Baton Rouge, 1965.
"La ˙ltima barrera: la Luisiana y la Nueva EspaÒa".
Historia Mexicana. El Colegio de MÈxico, MÈxico, abril-junio
1961, p.637-649.
JACKSON, F,; La frontera en la historia de AmÈrica.
Castilla, Madrid 1976.
JEFFERSON, T.; AutobiografÌa. Novaro-MÈxico,
MÈxico, 1963.
KINNAIRD, L.; Spain in the Mississippi Valley, 1765-1794.
3vols. American Historical Association Washington, 1949 .
LOCKRIDGE, K.; Settlement and
unserlement in early America: the crisis of political legitimacy before
the revolution. Cambridge University Press, Cambridge, Mass,1981.
MADISON, J.; Papers. University
of Chicago Press, 1962.
MARBAN, J.; La Florida: cinco
siglos de historia hisp·nica. Universal, Barcelona, 1979.
MARSHALL, H.; The history of Kentucky.
Henry Gore, Frankfort, 1812. Lippincott, Grambo & co, Philadelphia,
1852.
MARTINEZSHAW, C.;
La presencia espaÒola en los Estados Unidos. Insto. de CooperaciÛn
Iberoamericana, Ed. de Cultura Hisp·nica, Madrid, 1987.
MIGNONE, E.; CÛmo pudo haber
sido AmÈrica. AmÈricas, Washimgton DC, 1974.
MILLER, C.; Federalist era, 1789-1801. Harper,
New York, 1960.
MONTERO DE PEDRO, J.; EspaÒoles
en Nueva Orleans y la Luisiana. Ed. de Cultura Hisp·nica, Madrid,
1979.
NASATIR, A.F.; "The Anglo-Spanish
frontier on teh upper Misisipi, 1786-1796". Iowa Journal of History
and Politics, April,1931.
Borderland in retreat: from Spanish Louisiana to
the far southwest. Univ. of New Mexico Press
Albuquerque, 1976.
MOORE, J.P.; Revolt in Louisiana: the Spanish occupation,
1766-1770. Louisiana State Univ. Press, Baton Rouge, 1976.
NAVARRO GARCÕA, L.; La polÌtica
americana de JosÈ G·lvez seg˙n su "discurso y reflexiones de un vasallo".
Algazara, M·laga, 1998.
NAVARRO LATORRE, J.; øConspiraciÛn
espaÒola?. 1787-1789. ContribuciÛn al Estudio de las primeras relaciones
entre EspaÒa y los Estados Unidos de NorteamÈrica. Instituro Fernando
El CatÛlico, Zaragoza, 1949.
OLAECHEA, R. "Datos historico-biog·ficos
sobre el Conde de Aranda". Miscelanea de Comillas, n∫ 49, 1968,
pp73-196.
"El Conde de Aranda y la independencia
de los Estados Unidos". Actas del V Congreso de la Universidad
Hispanoamericana de Santa MarÌa de la R·bida, julio 1976. Ministerio
de EducaciÛn y Ciencia, Madrid 1978, pp.75-90.
OLTRA, J.; P…REZ SAMPER, M.A.; El Conde de Aranda
y los Estados Unidos. Promociones Publicaciones Universitarias,
Madrid, 1987.
"Dos menorquines de origen crean la marina de norteamericana".
Historia y Vida, n∫ 52.
PALACIO ATARD, V.; El tercer pacto de familia.
Consejo Superior de Investigaciones CientÌficas, Madrid, 1946.
PHILBRICK, F.; The rise of the west, 1754-1830.
Harper & Row, New York, 1966.
P…REZ CANT”, P.; GARCÕA GIR¡LDEZ, T.; De colonias
a rep˙blica: los orÌgenes de los Estados Unidos de AmÈrica. SÌntesis,
Madrid, 1995.
RAYNAL, G.; RÈvolution de l'Amerique. Lockyer
Davis, Londres, 1781.
RENAUT, F.P.; "Le primer conflit Hispano-Americain:
la navigation du MisisipÌ, 1783-1795". Revue d'…tudes Historiques,
LXXXV,pp.44-68.
REPRESA, A.; La EspaÒa ilustrada en el lejano oeste:
viajes y exploraciones por las provincias y teritorios hisp·nicos
de NorteamÈrica en el siglo XVIII. Junta de Castilla y LeÛn. ConsejerÌa
de Cultura y Bienestar Social, Valladolid,1990.
RIKER, W.; The strategy for rethoric: compaigning
for the American Constitution. Yale University Press, New Haven,
1996.
ROBERSON, J.M.; "James Monroe and the tree-to-five clause
of the Northwest Ordinance". Early America Review. Summer-Fall
2001.
ROBSON, T.; "Some reflections on the carer of general
James Wilkinson". The Misisipi Valley Historical Review, Mach,
1935.
RODRÕGUEZ CASADO, VICENTE. Primeros aÒos de dominaciÛn
espaÒola en la Luisiana. Instituto Gonzalo Fern·ndez de Oviedo,
Madrid. 1942.
"O'Reilly en la Luisiana". Revista de Indias. N∫3, p.115-138.
RUEDA SOLER, N.; La compaÒÌa de comercio "Gardoqui
e hijos": sus relaciones polÌticas y econÛmicas con NorteamÈrica.
1770-1780. Servicio Central de Publicaciones Gobierno Vasco,.Vitoria-Gasteiz,
1992.
RUSH, N.; Spain final triunf over Great Britain in
the gulf of Mexico. The Battle of Penzacola. Univerity of Florida,
1966.
S¡NCHEZ, J.; Spanish bluecoats: The catalonian volunteers
in Northwest New Spain, 1767-1810. University of New Mexico Press,
Albuquerque,1990 .
S¡NCHEZ-FABRES, E.; SituaciÛn histÛrica de las Floridas
en la segunda mittad del siglo XVIII.1783-1819: los problemas de una
regiÛn de frontera. Ministerio de Asuntos Exteriores. DirecciÛn
General de Relaciones Culturales, Madrid, 1977.
S¡NCHEZ GUERRA, R.; La ExpansiÛn territorial de los
Estados Unidos a expensas de EspaÒa. Consejo Nacional de Universidades,
La Habana 1969.
S¡NCHEZ MONTERO, R.; "La misiÛn de John jay en EspaÒa".
Anuario de Estudios Americanos, n∫23.
SANTOYO; J.C.; Arthur Lee: historia de una embajada
secreta. Cultural de la Caja de Ahorros Municipal de la Ciudad
de Vitoria, Vitoria, 1977.
SERRANO Y SANZ, M.; Documentos historicos de la Florida
y de la Luisiana. Madrid, 1915.
EspaÒa y los indios Cherokees y Chactas en la segunda
mitad del siglo XVIII. Sevilla [s.n.], 1916.
"El brigadier Jaime Wilkinson y sus tratos con EspaÒa
para la independencia del Kentucky: 1787-1797", Revista de Archivos,
Bibliotecas y Museos, 1915.
SILES SATURNINO, R.; Documentos relativos a la independencia
de norteamÈrica existentes en archivos espaÒoles. Archivo General
de Indias, SecciÛn Papeles de Cuba: correspondencia y documentaciÛn
oficial de autoridades de la Luisiana y la Florida Occidental (1764-1819).
Ministerio de Asuntos Exteriores. Dir Gral de relaciones culturales,
Madrid,1976.
SIMMONS, M.; La revoluciÛn norteamericana en la independencia
de HispanoamÈrica. MAPFRE, Madrid, 1992.
SOLANO COSTA, F.; "Preocupaciones econÛmicas y militares
de O'Reilly en el gobierno de la Luisiana". Estudios 77. Zaragoza,
1977.
"La emigraciÛn cotidiana a la Luisiana espaÒola" Cuadernos
de Historia GerÛnimo Zurita, n∫2.
THOMPSON, B.P.;Spain: forgotten ally of the
American Revolution. The Christopher Publishing House, North Quincy,
Mass.,1976.
La ayuda espaÒola en la guerra de independencia norteamericana.
Madrid, 1962.
TORRES, B.; "Alejandro O'Reilly". Estudios Hispanoamericanos,1969.
TURNER, F.; La Frontera en la historia americana.
Universidad AutÛnoma de Centro AmÈrica, San JosÈ, 1987.
VICENS VIVES, J.; Historia social y econÛmica de
EspaÒa y AmÈrica. Vol. IV, Vicens-Vives. Barcelona, 1972.
WEBER, D.; The Spanish frontier in Norh America.
Yale University Press, New Haven 1992.
WILKINSON, J.; "General James Wilkinson". Louisiana
Historical Quaterly, n∫ 1, pp.76-166.
WILLI, P.A.; Los Estados unidos de AmÈrica.SigloXXI,Madrid, 1990.
WILLIAMS, D.; "Bernardo G·lvez, the wester patriot".
Revista de Historia de AmÈrica, n∫ 65.
WITAKER, A.; The spanish-american frontier, 1783-1785.
The western movement and the Spanish retreat in the Misisipi valley.
Houghton Mifflin Company, Boston, 1927.
Documents relating to the commercial policy of Spain
in the Floridas, with incidental reference to Louisiana. Delan,
Florida, 1931.
"Spanish intrige in the old southwest: an episode, 1788-89".
Misisipi Valley Historical Review, XII, pp. 155-176.
WOODS, G.; The creation of the American Republic.
1776-1787. The University of North Carolina Press, Williambsburg,
Vir,1969.
WOODS, P.; French-Indian relations on the southern
frontier, 1699-1762. UMI Research Press, Ann Arbor, Mich.,1980.
WRONG,
G.; Washington and his comrades in arms: a chronicle of the war
of Independence. United States Publishers Association, New York,
1974.
YELA UTRILLA, J.; EspaÒa ante la indenpendencia de
los Estados Unidos. Academia Mariana, LÈrida, 1925.
|